LA IDEOLOGÍA COMO PODER MATERIAL
WILHELM REICH
La concepción fundamental
de Marx: la explotación de la mercancía, fuerza de trabajo, y, la concentración
del capital en un pequeño número de manos, va acompañado, de la depauperación
progresiva de la mayoría de la humanidad trabajadora, y en primer lugar del
proletariado. Necesidad objetiva de, la expropiación de los expropiadores. La
contradicción entre, producción social y, apropiación privada de los productos
por el capital, sólo puede resolverse por la revolución social, la dictadura
del proletariado.
Los preámbulos económicos
se han dado: el capital, concentrado en un pequeño número de manos, pero, la
expropiación de los expropiadores, no. En la encrucijada entre el socialismo y
la barbarie, la historia parece tomar la dirección de la barbarie. Y si alguien
piensa que, las masas dirigirán las armas contra el enemigo de dentro
(burguesía), que se preocupe por seguir la evolución de la reciente técnica
bélica, según esta concepción, las acciones bélicas, estarían dirigidas contra
las masas desarmadas de los grandes centros industriales, y serían ejecutadas
por, un pequeño número de técnicos seleccionados y de absoluta confianza.
El problema práctico de la
psicología de masas es, pues la activación de la mayoría pasiva de la
población, siempre dispuesta a volar en auxilio de la reacción política, así
como la supresión de las inhibiciones que contrarrestan las génesis de la
voluntad de libertad nacida de la situación socio-económica. Nada podría
detener las energías psíquicas de una masa media que vibra ante el espectáculo
de un partido de fútbol o de una ópera de pacotilla, si se consiguiera
desencadenarla y canalizarla hacia los fines racionales del movimiento de
liberación.
Pero el estudio sobre tal
temática no se limita a esa obra, sino que continúa y se proyecta en la
situación política de su época, muchas de las cuales tienen similitudes con las
actuales. Aquí se produce una de las tantas contradicciones en los planteos reichianos,
en este caso entre los discutibles objetivos que se propone y los lúcidos
análisis que realiza sobre las causas del fracaso de la izquierda y el éxito de
la derecha autoritaria nazi.
Discutibles objetivos
porque, en función de su idea fija acerca de la primordial importancia de la
sexualidad, sus planteos "estaban destinados a servir a un solo fin: de
otorgar autoridad científica a su llamado a una revolución sexual";
creyendo que "la abstinencia sexual exigida a los adolescentes en la
sociedad represiva llevaba a la delincuencia juvenil, a la neurosis, a las
perversiones y a la apatía política". Por ello la Sexpol esperaba
movilizar sobre todo para el combate anticapitalista y antifascista a las
juventudes obreras mediante demandas transitorias.
Su crítica a la izquierda
es también importante. De entrada, considera que "cada vez era más
evidente que la propaganda política de masas, que se limitaba a la discusión de
los procesos socioeconómicos objetivos no alcanzaba más que a la pequeña
minoría de gente ya ganada para la causa de izquierda". Por tanto "
el defecto marxista estribaba en la imposibilidad marxista de captar la
realidad política, defecto que el materialismo dialéctico hubiera permitido
eliminar, si hubiera hecho uso de sus posibilidades digamos, para anticipar un
poco, que la política marxista no había tenido en cuenta en su práctica
política la estructura caracterológica de las masas y los efectos sociales del
misticismo"
En su lugar propone un
espacio válido para el presente que las organizaciones populares pocas veces
entienden: "Sólo la psicología surgida del análisis del carácter puede
cubrir esta laguna y aprehender el 'factor subjetivo', que escapa al
entendimiento del marxista. La psicología política se ocupa de un campo claramente
delimitado. Es incapaz de explicar la génesis de las clases en la sociedad o el
modo de producción capitalista (cuando se aventura en ese terreno sus hallazgos
no son otra cosa que estupideces reaccionarias, como cuando explica, por
ejemplo, el capitalismo por la codicia de los hombres). Pero es ella, y no la
economía social, la que podrá investigar cómo es el hombre de una cierta época,
cómo piensa y cómo actúa en función de su estructura caracterológica, cómo
repercuten en él las contradicciones de su existencia, y cómo intenta dominar
su vida (subrayado mío). Cierto que no examina más que al hombre individual;
pero cuando se especializa en la exploración de procesos psicológicos típicos y
comunes a toda una capa, clase o categoría profesional, descartando toda
diferenciación individual, se transforma en psicología de masas"
Es que comprende que
"la ideología de cada formación social no solamente tiene como función
reflejar el proceso económico, sino también enraizarlo en las estructuras
psíquicas de los hombres de esa sociedad". Conclusión lógica de esto
último: No es hora de preguntarse qué pasa en el seno de las masas para que
éstas no reconozcan o no quieran reconocer el papel del fascismo Una primer
respuesta tiene que ver con lo anterior: "Mientras nosotros exponíamos a
las masas magníficos análisis históricos y disquisiciones económicas sobre las
contradicciones imperialistas, ellas se entusiasmaban por Hitler desde lo más
profundo de sus sentimientos", por lo que plantea una acción muy diferente:
"al trabajador medio alemán o al empleado no les interesaba el plan
quinquenal de la Unión Soviética 'en sí' sino la cuestión de la satisfacción
intensificada de las necesidades. Para Reich la política comunista tenía que
reencontrar "la conexión con la vida y los deseos cotidianos, pequeños,
banales, primitivos y simples de la gran masa con todas sus diferencias de
terruño o estrato. Sólo de este modo puede lograrse que confluyan el proceso
sociológico objetivo con la conciencia subjetiva del hombre y colmar la brecha
que los separa"
El análisis del fascismo
que hace Reich es muy completo pero no es posible exponerlo aquí por razones de
espacio. Sí es importante remarcar como ubica con claridad el apoyo que tuvo en
los sectores de la pequeña burguesía, etc.. Problemas estos que no se limitan
al fascismo y que, aunque de manera no mecánica y comprendiendo múltiples
variantes y sutilezas, pueden adaptarse a formas políticas y sociales de
nuestro tiempo.
LA BASE EXISTENCIAL
ERICH FROMM
Los riesgos que afronta la
humanidad en estos tiempos de indigencia los conflictos bélicos generalizados,
las grandes crisis socio-económicas y alimentarias, los desastres ecológicos,
constatan que ninguna cultura se halla exenta de actos de barbarie. Pero, por
más que éstos sean deshumanizantes, no debemos olvidar que también son humanos
en cuanto proceden del hombre. Esto refleja la ambivalencia propia de toda
realidad humana, que desde el carácter contradictorio de la existencia del
hombre, la encontramos como una urdimbre constituida por las tendencias
positivas y negativas, humanizantes y deshumanizantes, presentes aunque en
distinta proporción en las diferentes tradiciones y culturas y en las
realizaciones de los hombres a lo largo de su historia. Tal entramado
inseparable explica el devenir de la historia humana entre emancipación y
alienación, humanidad y barbarie, como las dos caras positiva y negativa
procedentes de la escisión existencial en que se desenvuelve la realidad
humana.
Cabe advertir que lo
inhumano no sólo se presenta como un fenómeno subjetivo, sino que depende de
causas objetivas que lo inducen y de ahí el riesgo de que se pueda consolidar
objetivamente en los diversos fenómenos socioculturales-burocráticos creados
por el hombre obras, instituciones, productos que, al escaparse de su control,
se revierten contra él y alimenten la dinámica de regresión, y se traduzcan aún
más en formas de alienación, opresión, servidumbre, en suma el predominio de
las tendencias necrófilas y la negatividad de lo humano como inhumano.
Considerar la inhumanidad que crece entretejida en la humanidad supone
denunciar todo comportamiento contrario a lo que reclama la humanidad de todos
—la de los demás y la propia y, en consecuencia, descubrir la necesidad de una
irrenunciable ética universalista de anclaje humanista que se erija en baluarte
para la defensa de los derechos de todo hombre, independientemente de las
diferencias socioculturales.
Sólo cuando el hombre se
coloca frente a lo no deseable que trae consigo lo inhumano es capaz de
identificar, al mismo tiempo, la exigencia implícita de revertir eso mismo, de
expresar el deseo de que no se vuelva a repetir y la aspiración y el compromiso
por afirmar su "contrario". El hecho de sufrir, resultante de la
ausencia de un desarrollo biófilo, produce una tendencia dinámica a vencer el
sufrimiento: no queremos que el dolor y la muerte tengan la última palabra. El
sufrimiento de la humanidad nos llama a asumir la propia responsabilidad que a
cada uno le corresponde ante lo inhumano, pues aquél como estado afectivo común
a todos los hombres— interpela al consuelo de la solidaridad. De esta manera,
lo que hace humanista a esta propuesta antropológica y ética no es la búsqueda
de la explotación de las posibilidades humanas, sino la mirada de misericordia
y solidaridad ante la fragilidad humana.
La propuesta frommiana
propone así la instauración de una ética humanista a partir de lo que
objetivamente puede calificarse de humano: la contradicción existencial
inherente a nuestra condición.
Si bien el deseo de vivir
es inherente al hombre, tener éxito en el acto de vivir depende del empleo de
sus potencialidades. La ética humanista frommiana, colocando como valor supremo
e inviolable al hombre, de acuerdo con el criterio de moralidad establecido
bueno es lo que promueve el despliegue de las potencialidades del hombre y malo
lo que las mutila, lo encamina al crecimiento, ensanchamiento y realización de
las potencialidades que éste ha desarrollado en el curso de la historia. En este
sentido, no se trata de una ética restrictiva, sino de una ética productiva,
constructiva. La ética humanista busca así promover la capacidad productiva del
hombre, entendiendo por productividad la capacidad para emplear sus fuerzas y
realizar sus potencialidades.
Pero, lo paradójico de
plantear esta ética humanista que está orientada a la construcción humanizarte
del hombre y del mundo, como se puede inferir de todo lo anterior, es que no
puede garantizar que todos los hombres vean y fomenten los signos de la nueva
vida y estén preparados en todo momento para solidarizarse. Esta propuesta debe
estar abierta al riesgo latente de que algunas veces esto no se realizará, pues
aquéllos, cuya esperanza es débil, pugnan aún por la comodidad, el conformismo
o por la violencia.
A pesar de que la apuesta
ha de ser por lo "todavía posible", incluso aunque no sea probable,
para que el ser humano mantenga la Arme decisión de transformar la desesperanza
en esa "esperanza paradójica de esperar al Mesías todos los días, pero no
descorazonarse porque no llegue cuando creíamos". Se necesita, por ende,
manifestar nuestra esperanza en nuestra experiencia de vivir y de
transformarnos.
Conscientes de la endeble
condición humana, esperar la desaparición total de lo inhumano en la historia
de la humanidad es ya por sí mismo un pensamiento inhumano. La finalidad de la
vida humana es vivirla intensamente, liberarse de las ideas de grandiosidad
infantil, para lograr convencimiento de nuestras verdaderas pero limitadas fuerzas;
es ser capaz de admitir la paradoja de que cada uno de nosotros es lo más
importante del universo y, al mismo tiempo, un pequeño grano de polvo en medio
de él. Ser capaz de amar la vida y, sin embargo, aceptar la muerte sin miedo ni
dolor; tolerar la incertidumbre acerca de las cuestiones más importantes con
que nos enfrenta la vida, y no obstante tener fe en nuestras propias ideas y
sentimientos. Ser capaz de estar solo y, al mismo tiempo, sentirse identificado
con las personas que amamos; seguir la voz de la conciencia, pero al mismo
tiempo no caer en la desesperación cuando esa voz no sea suficientemente fuerte
para oírla y seguirla. Vivir por el amor, la razón y la esperanza, respetando
la propia vida y la de los semejantes.
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