GEORG LUKÁCS
HISTORIA Y CONCIENCIA DE CLASE
Filósofo
marxista y crítico literario húngaro de origen judío. Historia y Conciencia de
Clase es un libro publicado en 1923 por el filósofo húngaro György Lukács, en
que enfatiza la influencia de Hegel sobre Karl Marx, analiza el concepto de
conciencia de clase, e intenta una justificación filosófica de bolchevismo.
Para
el Lukács de Historia y conciencia de clase, “en cuestiones de marxismo la
ortodoxia se refiere exclusivamente al método “; para ser más precisos, al
método dialéctico; “dialéctico” en Lukács equivale desde luego a
“revolucionario”. En el contexto de un marxismo concebido como ciencia de una
praxis revolucionaria, el “método” lo es de conocimiento y de transformación; o
lo que es igual: de transformación de la realidad a partir del conocimiento
científico de la misma. De ahí que la dialéctica materialista (con la que este
método se confunde) sea concebida como una dialéctica revolucionaria. Lukács
llega a este planteamiento desde su reciente y exaltada lectura de Marx en
clave hegeliana: “Historia y conciencia de clase dice Lukács, en su prefacio de
1967 significó el intento acaso más radical de reactualizar lo revolucionario
de Marx mediante una renovación y continuación de la dialéctica hegeliana y su
método”.
Consecuencia
obvia de esta concepción del conocimiento dialéctico como identificación del sujeto
y el objeto, es el rechazo de la extensión engelsiana del método dialéctica a
la naturaleza. Parece casi obligada la cita del párrafo dedicado por Lukács a
este punto en HCC: “Los equívocos dimanantes de la exposición engelsiana de la
dialéctica se deben esencialmente a que Engels —siguiendo el mal ejemplo de
Hegel- amplía el método dialéctico también al conocimiento de la naturaleza.
Pero las determinaciones decisivas de la dialéctica —interacción del sujeto y
objeto, unidad de teoría y práctica, transformación histórica del sustrato de
las categorías como fundamento de su transformación en el pensamiento, etc. “no
se dan en el conocimiento de la naturaleza.”
Lukács
señale con acierto que: “nuestra posición en la lucha de clases de- termina en gran
medida la forma y el grado de nuestra apropiación del marxismo, por otro lado,
todo ahondamiento en esta apropiación reactiva nuestra adhesión a la vida y
práctica del proletariado, y a su vez estimula por contragolpe el ahondamiento
de nuestra relación con la doctrina de Marx”
¿Qué
hacer? contiene lo que constituye la especificidad de la política, funda un
nivel y momento político determinado. Esto es, tenemos por una parte la
actuación de la determinación histórica, el desarrollo necesario -espontáneo-
de la sociedad; aquella que no tiene causas fuera del propio desarrollo
histórico. Esta ley del desarrollo espontáneo de la sociedad capitalista, tiene
un “límite”: llega hasta la crisis en el terreno objetivo. Al respecto Lukács
señala: “… Lenin ha mostrado con toda razón que no hay situación alguna que en
si y por sí carezca de salida. Cualquiera que sea la situación en que se
encuentre, el capitalismo descubrirá siempre posibilidades de solución
‘puramente económicas’; la cuestión es simplemente si esas soluciones podrán
realizarse, imponerse, cuando pasen del mundo teórico puro de la economía a la
realidad de la lucha de clases. Así pues, vistas las cosas en esa pureza
abstracta, siempre son imaginables salidas o soluciones para el capitalismo. Pero
el que sean realizables depende del proletariado. Es el proletariado, la acción
del proletariado, lo que ha de cerrar el capitalismo la escapatoria de la
crisis. Y por otra parte, tenemos el elemento de la actividad de los sujetos
(de las clases sociales), las únicas capaces según Lukács de conocer la
totalidad. Dice: “La totalidad del objeto no puede ponerse más que cuando el
sujeto que lo pone es él mismo una totalidad y, por tanto, para pensarse a si
mismo, se ve obligado a pensar el objeto también como totalidad. En la sociedad
moderna son exclusivamente las clases las que representan como sujetos ese
punto de vista de la totalidad.”
Así
pues, planteado a grosso modo tenemos dos niveles concretos: por una parte, la
determinación histórica o necesidad social, con leyes necesarias; por otra, el
de la participación de la actividad del sujeto histórico (clases sociales). La
articulación de ambos niveles -de acuerdo con Lenin– es dada por el ámbito de
la política, concebida con praxis de transformación. Ámbito conformado por la
actividad concreta, consciente, de la clase orientada a destruir las
contradicciones objetivas antagónicas de clase (la presentada entre el trabajo
asalariado y el capital). Dicha lucha es mediada por un conjunto de momentos
diversos y determinados. Entre los cuales podemos destacar en principio tres; a
saber: a. primer momento: el movimiento espontáneo, caracterizado por los
diferentes tipos de resistencia espontánea inherentes al antagonismo social
objetivo de la lucha de clases (cfr. sección IV del tomo I de El Capital). b.
Un segundo momento constituido por la teoría revolucionaria; entendida como la
formación de la conciencia teórica en el terreno de las clases sociales,
elaborada en función de la lucha de clases en la sociedad capitalista y, en
función de la estructura de clases en general y no coyuntural. c. El tercer
momento estaría representado por la organización política; sobre este punto,
Lukács plantea que: “Tampoco en el terreno de la teoría obra el partido como
representante del proletariado. Si la conciencia de clase es cosa procesual y
fluida en relación con el pensamiento y la acción de la clase entera, ello
tiene que reflejarse en la forma organizativa de esa conciencia de clase, en el
partido comunista”
ANTONIO GRAMSCI
RELACIÓN ENTRE LA CIENCIA, RELIGIÓN- EL
SENTIDO COMÚN
Una
de las mayores debilidades de las filosofías inmanentistas consiste en no haber
sabido crear una unidad ideológica entre lo bajo y lo alto, los sencillos y los
intelectuales. El problema es conservar la unidad ideológica en todo el bloque
social cimentado y unificado por una determinada ideología. La organicidad de
pensamiento y la solidez cultural no se pueden conseguir más que si entre
intelectuales y sencillos existe a misma unidad que debe existir entre teoría y
práctica, o sea, cuando los intelectuales son orgánicamente los intelectuales
de esas masas. La organicidad solo se logra cuando los intelectuales elaboran y
hacen coherentes los principios y los problemas que plantean las masas con su actividad
práctica, constituyéndose así un bloque cultural y social.
Una
filosofía de la práctica tiene inevitablemente que presentarse al principio con
actitud polémica, como superación del anterior modo de pensar y del concreto
pensamiento existente (o mundo cultural existente). La relación entre filo
superior y sentido común está garantizada por la política. La filo de la praxis
no tiende a mantener a los sencillos en su filosofía primitiva del sentido
común, sino, por el contrario, a llevarlos a una superior concepción de la
vida. Afirma la exigencia del contrato entre intelectuales y sencillos, pero no
para limitar la actividad científica y mantener la unidad al bajo nivel de las
masas, sino precisamente para construir un bloque moral-intelectual que haga políticamente
posible un progreso intelectual de masa, y no sólo de reducidos grupos
intelectuales.
Hombre
activo de masa: Actua prácticamente pero no tiene una clara conciencia teórica
de su hacer, pese a que éste es un conocer el mundo en cuanto lo transforma.
Tiene 2 conciencias teóricas ( o una conciencia contradictoria)
• Una implícita en su hacer, y que
realmente lo une a todos sus colaboradores en la transformación práctica de la
realidad
• Otra superficialmente explícita o
verbal, que ha heredado del pasado y recogido sin crítica. Esta conciencia
puede llevarlo a un estado de pasividad moral y política.
Partidos
políticos: Son importantes para la elaboración y la difusión de las
concepciones del mundo, en cuanto elaboran esencialmente la ética y la política
coherentes con ellas, funcionando como experimentadores históricos de dichas
concepciones. Son el crisol de la unificación de teoría y práctica, entendida
esa unificación como proceso histórico real, se trata de dirigir a la masa
innovando, con la mediación de una elite en la cual la concepción implícita en
la actividad humana se halla hecho conciencia actual, coherente y sistemática,
voluntad precisa y resuelta.
Determinismo
mecanicista: este elemento ha sido un aroma inmediato de la filo de la praxis,
una forma de religión necesaria e históricamente justificada por el carácter
subalterno de determinados estratos sociales. Cuando no se posee la iniciativa
en la lucha y la lucha misma acaba por identificarse con una serie de derrotas,
el determinismo mecánico se convierte en una fuerza formidable de resistencia
moral, de cohesión, de perseverancia paciente y obstinada. Cuando el subalterno
se hace dirigente, el determinismo es peligroso. Aunque el determinismo
mecanicista es explicable como filo ingenua de masa, sólo en cuanto es un
elemento intrínseco de fuerza, se hace causa de pasividad, de autosuficiencia
imbecil, en cuanto se toma como filosofía reflexiva y coherente por parte de
los intelectuales.
Nuevas
concepciones del mundo: Las masas populares son las que más difícilmente
cambian de concepciones, y no las cambian nunca aceptándolas en su forma pura
sino sólo y en condiciones más o menos incoherentes y extravagantes. El proceso
de difusión de las concepciones nuevas ocurre por razones políticas, o sea
sociales en última instancia, pero el elemento formal, el de la coherencia
lógica, el elemento de autoridad y el elemento organizativo tienen en este
proceso una función muy grande inmediatamente después de producida la
orientación general en los individuos y en los grupos numerosos.
El
elemento más importante para el mantenimiento de las propias concepciones del
mundo es de carácter no racional, de fe. Fe en el grupo social al que
pertenece, en la medida en que todo el grupo piensa difusamente como él: el
hombre de pueblo piensa que tantos como son no pueden equivocarse así en
conjunto, como quiere hacérselo saber el adversario argumentador, que él mismo
no puede sostener y desarrollar sus razones como el adv con las suyas, pero que
en su grupo hay quien sabría hacerlo mejor que ese adv y recuerda que ha oido
exponer amplia y coherentemente las razones de su fe. No recuerda las razones
en concreto, pero sabe que existen. El haber sido convencido una vez y de un
modo fulgurante es la razón permanente de la persistencia de la convicción,
aunque sea incapaz de argumentarla después.
Necesidades
para todo movimiento cultural que tienda a sustituir el sentido común y las
viejas concepciones del mundo:
1. No cansarse nunca de repetir los
propios argumentos
2. Trabajar constantemente para elevar
intelectualmente estratos populares cada vez más amplios, trabajar para
suscitar elites intelectuales de un nuevo tipo, que surjan de la masa.
Las
ideas y las opiniones no nacen espontáneamente en el cerebro de cada individuo:
han tenido un centro de formación, de irradiación, de difusión, de persuasión,
un grupo de hombres o incluso una individualidad singular que las ha elaborado
y las ha presentado en la forma política de actualidad.
KARL KORSCH
MARXISMO Y FILOSOFÍA
En
1923 Korsch publicó su obra más conocida: Marxismo y Filosofía.
Korsch
planteaba que esta posición no era dialéctica o mejor dicho, que en tanto
intentaba analizar la cuestión de la dialéctica se quedaba en la concepción
idealista de Hegel y no lograba penetrar en la especificidad de la dialéctica
marxista.
Si
la dialéctica era inseparable de su objeto, según Korsch la relación entre la
dialéctica hegeliana y la marxista no podía reducirse a una simple inversión del
idealismo en términos ontológicos (primacía del ser sobre la consciencia),
manteniendo el método “lógico” sin cambios, sino que era necesario descubrir la
dialéctica específicamente marxista conociendo a su vez el objeto propio del
marxismo: la praxis revolucionaria. En este planteo Korsch retomaba los
señalamientos planteados en Marxismo y Filosofía como en su artículo “La
dialéctica de Marx”.En ese marco, la conclusión de Korsch era categórica: “La
’dialéctica materialista’ del proletariado no puede ser enseñada de una manera
abstracta, ni siquiera con la ayuda de pretendidos ejemplos, como una ’ciencia’
particular que tiene un ’objeto’ propio. Sólo puede ser aplicada concretamente
en la práctica de la revolución proletaria y en una teoría que es parte
integrante, inmanente, de esta práctica revolucionaria.” El argumento de Korsch
era atractivo porque la dialéctica dejaba de ser un método de pensamiento para
constituirse en la forma del movimiento histórico revolucionario de la clase
obrera. De este modo, la dialéctica como método era inseparable de la primacía
de la praxis defendida por Marx en sus Tesis sobre Feuerbach.
En
lo específicamente metodológico, el argumento de Korsch es también atendible:
la dialéctica de Hegel se diferencia de la de Marx porque en Hegel la forma del
movimiento dialéctico reviste un carácter de “reconciliación” y el proceso de
superación de las contradicciones se constituye como un progreso más o menos
constante donde hay saltos de calidad pero no exactamente rupturas. En Marx, el
movimiento dialéctico reviste la forma de una ruptura. Esta diferencia se
expresa sobre todo en lo referente a la comprensión de la historia. En otros
planos, como la crítica de la economía política, Marx utiliza la dialéctica
para develar el modo específico de la explotación capitalista, el fenómeno del
fetichismo de la mercancía y las leyes tendenciales que rigen la economía
capitalista. A su vez, el propio Marx nunca desarrolló una exposición
sistemática de la dialéctica separada de contendidos concretos. Por último, la
concepción marxista de la praxis supone una relación dialéctica entre la acción
revolucionaria y el pensamiento en los términos planteados por Korsch.
Como
punto débil de la argumentación de Korsch, podemos señalar que la identificación
del método dialéctico con el método de lucha de clases y el hincapié dado por
el autor a la importancia de rediscutir la cuestión filosófica en el marxismo,
iban acompañadas de una sobrevaloración de las implicancias políticas
inmediatas de la cuestión.
En
este contexto, en su posterior trabajo Anticrítica (1930) Korsch terminaría
identificando el pensamiento de Lenin con el de la socialdemocracia,
adjudicándole a Lenin una concepción materialista vulgar de la dialéctica,
contra la propia interpretación que había construido anteriormente el propio
Korsch.
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