Basándonos en el esquema piramidal que explica la manera en que se desarrollan los paradigmas urbano
arquitectónicos en su base material llamada infraestructura que se aborda en
específico en el desarrollo del espacio público, atreves de proyectos publico
privados, formando a su vez una triada
indivisible entre la población, el estado como institución y el capital privado,
creando los dispositivos, elementos y patrones que permiten el adecuado
desarrollo del sistema, repetitivo pero
desigual donde en un esquema descendente tendrá un comportamiento descendente.
El
término mismo de exclusión social hoy transmuta y complejiza y toma de distancia
de sus orígenes teóricos que le ubican más bien por las relaciones de ciertos
grupos sociales excepcionales y minoritarios que no están contemplados en un
sistema general, de solidaridad o de bienestar social, con cambios en sus
relaciones inmediatas, producto de nuevas dinámicas históricas del régimen de
acumulación y el modo de producción actual se van constituyendo en espacios
socioculturales donde la precariedad es de manera constante, espacios públicos que al ser de carácter y
administración pública estos grupos quedan en el amparo de estos espacios,
siendo morada de grupos en situación de calle, o identificados con modos y
costumbres que reflejan en el espacio público coincidencia ideológica,
seguridad mostrando empatía por el espacio arquitectónico. ¿Pero qué pasa con
los espacios públicos cuando son administrados por entidades privadas?
El capitalismo ha moldeado el perfil de los espacios públicos,
enfocándolos a la generación de riqueza, aunque es innegable que los espacios
públicos contribuyen a aspectos importantes de la población como lo son la
recreación y la convivencia, con el tiempo esta función ha quedado empobrecida,
frente a la gran oferta arquitectónica, consumista y social que genera los
centros de comercialización, plazas comerciales y tiendas, es ahí donde la clase media, y una gran parte de la clase
trabajadora pierden ingresos al entrar
en el ciclo del consumo.
Capturar el mercado de los espacios públicos a través de las Asociaciones Publico Privadas
genera el desarrollo de prácticas especializadas por la entidad privada, para la identificación y clasificación de la
población identificándolos como potenciales clientes que multiplica las
tácticas divisorias y exclusivistas a partir de criterios de rentabilidad,
potencial del usuario, es decir, de potencialidad de crédito del que dispone el
cliente, es ahí donde la cultura como división clasista está enfocada a un tipo
de población en especial, enfocada a todo aquel individuo que cumpla el perfil
del modo capitalista.
Este perfil estará cubierto por clase trabajadora que cumple una doble
función en la sociedad dinamizar el capital mediante su fuerza de trabajo y
cumplir una función indispensable para
la sociedad tener la ilusión de una mejora económica idealizando la imagen de la clase burguesa, y
excluyendo a la clase que no encaje en
cualquiera de las dos, remitiéndonos a una sociedad que no es accesible para todos,
que excluye a una categoría de gente sin valor de mercado, incapaces de
abocarse a la actividad de consumir. Como estas personas resultan inútiles, sólo
se repara en ellas por los peligros que representan alejándolas y
manteniéndolas al margen de estos espacios públicos, administrados por
entidades privadas que dotan de nuevos valores al espacio público excluyentes,
dirigidas a quienes puedan pagar los precios, servicios y oferta, que se les
fije en un mercado desregulado.
A modo de conclusión, cabe destacar que la exclusión
social en el actual modelo económico neoliberal se ha profundizado la función
del estado que entre sus prioridades señala el bienestar social, la tendencia
actual indica que la globalización ha cumplido cabalmente su función de
polarizar la riqueza permitiendo que los ricos se hagan aún más ricos, trayendo
consigo una particularidad en la escala la ruptura de las relaciones sociales inmediatas,
con
efectos devastadores para las comunidades perfilándonos de acuerdo a nuestro poder adquisitivo, ya que
ideológicamente nos vemos envueltos en este ciclo de exclusión, con dotes esperanzadores
para una población que aspira a llegar al siguiente nivel económico, siendo que
este mismo bucle nos ancla en un proceso de exclusión dependiendo nuestras
capacidades financieras señaladas por el modelo económico que nos rige y
gobierna.
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