PROLOGO ALA
CONTRIBUCIÓN A LA CRÍTICA DE LA ECONOMÍA POLÍTICA
AUTOR: KARL MARX
Examino el sistema de la economía burguesa en el orden siguiente:
capital, propiedad agraria, trabajo asalariado, estado, comercio exterior,
mercado mundial. Bajo las tres primeras rúbricas estudio las condiciones
económicas de vida de las tres grandes clases en que se divide la sociedad
burguesa moderna; la interconexión de las tres restantes salta a la vista.
proteccionistas me dieron los primeros impulsos para ocuparme de
cuestiones económicas. Mis indagaciones me hicieron concluir que tanto las
relaciones jurídicas como las formas de Estado no pueden ser comprendidas por
sí mismas ni por la pretendida evolución general del espíritu humano, sino que,
al contrario, tienen sus raíces en las condiciones materiales de vida.
Comencé el estudio en París el resultado general a que llegué y que, una
vez obtenido, sirvió de guía a mis estudios puede formularse brevemente como
sigue: En la producción social de su vida, los hombres entran en determinadas
relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de
producción, que corresponden a un determinado grado de desarrollo de sus
fuerzas productivas materiales. Estas relaciones de producción en su conjunto
constituyen la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la cual
se erige la superestructura jurídica y política y a la que corresponden
determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida
material condiciona el proceso de vida social, político y espiritual en
general. No es la conciencia de los hombres la que determina su ser, sino, por
el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia. En cierta fase
de su desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en
contradicción con las relaciones de producción existentes, o bien, lo que no es
más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad en el
seno de las cuales se han desenvuelto hasta entonces. De formas de desarrollo
de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas. Y
se abre así una época de revolución social.
Al cambiar la base económica, se transforma más o menos rápidamente toda
la superestructura inmensa. Cuando se examinan tales transformaciones, es
preciso siempre distinguir entre la transformación material -que se puede hacer
constar con la exactitud propia de las ciencias naturales- de las condiciones
de producción económicas y las formas jurídicas, políticas, religiosas,
artísticas o filosóficas, en breve, las formas ideológicas bajo las cuales los
hombres toman conciencia de este conflicto y luchan por resolverlo.
Del mismo modo que no se puede juzgar a un individuo por lo que piensa
de sí mismo, tampoco se puede juzgar a semejante época de transformación por su
conciencia; es preciso, al contrario, explicar esta conciencia por las
contradicciones de la vida material, por el conflicto existente entre las
fuerzas productivas sociales y las relaciones de producción.
Una formación social no desaparece nunca antes de que se desarrollen
todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen
relaciones de producción nuevas y superiores antes de que hayan madurado, en el
seno de la propia sociedad antigua, las condiciones materiales para su
existencia. Por eso la humanidad se plantea siempre únicamente los problemas
que puede resolver, pues un examen más detenido muestra siempre que el propio
problema no surge sino cuando las condiciones materiales para resolverlo ya
existen o, por lo menos, están en vías de formación.
A grandes rasgos, el modo de producción asiático, el antiguo, el feudal
y el burgués moderno pueden designarse como épocas de progreso en la formación
social económica. Las relaciones de producción burguesas son la última forma
antagónica del proceso social de producción, antagónica, no en el sentido de un
antagonismo individual, sino de un antagonismo que emana de las condiciones
sociales de vida de los individuos.
Pero las fuerzas productivas que se desarrollan en el seno de la
sociedad burguesa brindan, al mismo tiempo, las condiciones materiales para
resolver dicho antagonismo. Con esta formación social se cierra, pues, la
prehistoria de la sociedad humana.
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