EL
“NUEVO” IMPERIALISMO: ACUMULACIÓN POR DESPOSESIÓN*
DAVID
HARVEY
La
larga supervivencia del capitalismo, a pesar de sus múltiples crisis y reorganizaciones
y de los presagios acerca de su inminente derrota provenientes tanto de la
izquierda como de la derecha, es un misterio que requiere aclaración. Henry
Lefebvre pensaba que había encontrado la clave de este, en su famosa idea de
que el capitalismo sobrevive a través de la producción del espacio, pero no
explicó exactamente cómo sucedía esto1. Tanto Lenin como Rosa Luxemburgo, por
razones muy distintas, y utilizando también diferentes argumentos, consideraban
que el imperialismo –una forma determinada de producción del espacio– era la
respuesta al enigma, aunque ambos planteaban que esta solución estaba acotada
por sus propias contradicciones.
En
los ‘70 traté de abordar el problema mediante el análisis de los “ajustes
espacio-temporales” y de su rol en las contradicciones internas de la
acumulación de capital2.Este argumento sólo tiene sentido en relación con la
tendencia del capitalismo a producir crisis de sobreacumulación, la cual puede
entenderse teóricamente mediante la noción de caída de la tasa de ganancia de
Marx3.Estas crisis se expresan como excedentes de capital y de fuerza de
trabajo que coexisten sin que parezca haber manera de que puedan combinarse de
forma rentable a efectos de llevar a cabo tareas socialmente útiles. Si no se producen
devaluaciones sistémicas (e incluso la destrucción) de capital y fuerza de
trabajo, deben encontrarse maneras de absorber estos excedentes. La expansión
geográfica y la reorganización espacial son opciones posibles. Pero éstas
tampoco pueden divorciarse de los ajustes temporales, ya que la expansión
geográfica a menudo implica inversiones de largo plazo en infraestructuras
físicas y sociales (por ejemplo, en redes de transporte y comunicaciones,
educación e investigación) cuyo valor tarda muchos años en realizarse a través
de la actividad productiva a la que contribuyen. Desde los ‘70 el capitalismo
global ha experimentado un problema crónico y duradero de sobreacumulación.
Considero que los datos empíricos recopilados por Robert Brenner para documentar
este tema son, en general, convincentes4.Por mi parte, interpreto la
volatilidad del capitalismo internacional durante estos años en términos de una
serie de ajustes espaciotemporales que han fracasado, incluso en el mediano plazo,
para afrontar los problemas de sobreacumulación. Como plantea Peter Gowin, fue
a través de la orquestación de tal volatilidad que Estados Unidos (EUA) buscó
preservar su posición hegemónica en el capitalismo global5.En consecuencia, el
viraje reciente hacia un imperialismo abierto respaldado por la fuerza militar
norteamericana puede entenderse como un signo del debilitamiento de su
hegemonía frente a las serias amenazas de recesión y devaluación generalizada
en el país, que contrasta con los diversos ataques de devaluación infligidos
previamente en otros lugares (América Latina en los ‘80 y primeros años de los
‘90,y las crisis aún más serias que consumieron al Este y Sudeste asiático en
1997 y que luego hundieron a Rusia y aparte de Latinoamérica).Pero también
quiero plantear que la incapacidad de acumular a través de la reproducción
ampliada sobre una base sustentable ha sido acompañada por crecientes intentos
de acumular mediante la desposesión6.Esta, según mi conclusión, es la marca de
lo que algunos llaman “el nuevo imperialismo”7.
EL AJUSTE ESPACIOTEMPORAL Y SUS
CONTRADICCIONES
La
idea básica del ajuste espaciotemporal es bastante simple. La sobreacumulación
en un determinado sistema territorial supone un excedente de trabajo (creciente
desempleo) y excedente de capital (expresado como una sobreabundancia de
mercancías en el mercado que no pueden venderse sin pérdidas, como capacidad
productiva inutilizada, y/o excedentes de capital dinero que carecen de
oportunidades de inversión productiva y rentable). Estos excedentes pueden ser
absorbidos por:(a) el desplazamiento tempo real a través de
las inversiones de capital en proyectos de largo plazo o gastos sociales (tales
como educación e investigación),los cuales difieren hacia el futuro la entrada
en circulación de los excedentes de capital actuales;(b) desplazamientos
espaciales a través de la apertura de nuevos mercados, nuevas capacidades
productivas y nuevas posibilidades de recursos y de trabajo en otros lugares; o
(c) alguna combinación de (a) y (b). La combinación de (a) y (b) es
particularmente importante cuando analizamos el capital fijo independiente
inmovilizado en el ambiente construido. Este brinda las infraestructuras
físicas necesarias para que la producción y el consumo se realicen en el
espacio y el tiempo (desde los parques industriales, puertos y aeropuertos,
sistemas de transporte y comunicaciones, hasta la provisión de agua y cloacas,
vivienda, hospitales y escuelas). Claramente, no es éste un sector menor de la
economía, y es capaz de absorber ingentes cantidades de capital y trabajo,
particularmente en condiciones de rápida expansión e intensificación
geográfica. La reasignación de los excedentes de capital y trabajo hacia estas
inversiones requiere de la mediación de las instituciones financieras y/o
estatales capaces de generar crédito. Se crea una cantidad de “capital ficticio
“que puede trascender el consumo actual para asignarse a proyectos futuros,
como construcción o educación, que revigorizan la economía (tal vez incluyendo
el aumento de la demanda del excedente de mercancías como camisas y zapatos por
parte de los maestros y trabajadores de la construcción)8.Si los gastos en el
ambiente construido o las mejoras sociales prueban ser productivos (es decir,
facilitan a futuro formas más eficientes de acumulación de capital) los valores
ficticios se amortizan (ya sea directamente a través de la deuda o
indirectamente en forma de mayores ingresos por impuestos que permitan pagar la
deuda pública).Si no, la sobreacumulación de valor en el ambiente construido o
en la educación puede manifestarse en devaluaciones de estos activos
(viviendas, oficinas, parques industriales, aeropuertos, etc.) o en
dificultades en el pago de la deuda estatal originada en la infraestructura
física o social (crisis fiscal del estado). El rol de este tipo de inversiones
en la estabilización y desestabilización del capitalismo ha sido significativo.
Me refiero, por ejemplo, a que el origen de la crisis de 1973 fue el colapso
mundial de los mercados inmobiliarios (comenzando con el Herstatt Bank en
Alemania que arrastró al Franklin Nacional en EUA), seguido casi inmediatamente
por la virtual bancarrota de la ciudad de Nueva York en 1975 (un caso clásico
de gastos sociales que superan a los impuestos);a que la década de
estancamiento en Japón iniciada a principios de los ‘90 comenzó con el colapso
de la burbuja especulativa en tierras, propiedades y otros activos, que puso en
riesgo al conjunto del sistema bancario; a que el
comienzo del colapso asiático de 1997 fue el estallido de la burbuja de
propiedad en Tailandia e Indonesia; y a que el impulso más importante para las
economías estadounidense y británica, luego del inicio de la recesión
generalizada en todos los otros sectores, a partir de mediados de 2001,ha sido
el vigor especulativo sostenido de los mercados inmobiliarios. Desde 1998 los
chinos han mantenido el crecimiento de su economía y trataron de absorber el
excedente de trabajo (y controlar la amenaza de descontento social) mediante
inversiones en megaproyectos que empequeñecen la ya enorme Represa de las Tres
Gargantas (8.500 millas de nuevos ferrocarriles, autopistas y proyectos
urbanísticos, masivos trabajos de ingeniería para desviar el agua desde el río Yangtzé
al Amarillo, nuevos aeropuertos, etc.) financiadas con endeudamiento. Resulta
muy sorprendente que la mayoría de los análisis de la acumulación de capital
(incluido el de Brenner) ignoren completamente estos temas, o los traten como
epifenómenos. El término “fin” * tiene un doble sentido. Por un lado, una
cierta porción del capital total queda literalmente fijada en alguna forma
física por un tiempo relativamente largo (dependiendo de su duración física y
económica). Los gastos sociales también se territorializan y se mantienen
geográficamente inmóviles a través del compromiso estatal (sin embargo, no voy
a considerar explícitamente la infraestructura social ya que el tema es
complejo y requeriría demasiado espacio). Parte del capital fijo es
geográficamente móvil (como la maquinaria que puede ser desplazada fácilmente
de sus localizaciones originales y llevada a otros lugares) pero el resto está
fijado de modo tal que no puede ser movido sin ser destruido. Los aviones son móviles,
pero los aeropuertos a los que estos vuelan no. El “ajuste” espaciotemporal, por
otra parte, es una metáfora de las soluciones a las crisis capitalistas a
través del aplazamiento temporal y la expansión geográfica. La producción del espacio,
la organización de nuevas divisiones territoriales de trabajo, la apertura de
nuevos y más baratos complejos de recursos, de nuevos espacios dinámicos de
acumulación de capital y de penetración de relaciones sociales y arreglos
institucionales capitalistas (reglas contractuales y esquemas de propiedad
privada) en formaciones sociales preexistentes brindan diversos modos de
absorber los excedentes de capital y trabajo existentes. Sin embargo, estas
expansiones, reorganizaciones y reconstrucciones geográficas a menudo amenazan
los valores fijados en un sitio que aún no han sido realizados. Vastas
cantidades de capital fijo en un sitio actúan como una carga para la búsqueda
de un ajuste espacial en otro lugar. Los valores de los activos
fijos que constituyen la ciudad de Nueva York no eran ni son triviales, y la
amenaza de devaluación masiva ocurrida en 1975 (y nuevamente en 2003) era (y
es) vista por muchos como un gran peligro para el futuro del capitalismo. Si el
capital se mueve de allí, deja detrás una estela de devastación (la experiencia
de desindustrialización de los ‘70 y ‘80 en los centros económicos del
capitalismo como Pittsburgh y Sheffield, así como en muchas otras partes del
mundo, como Bombay, ilustra esta cuestión). Por otra parte, si el capital sobre
acumulado no puede o no quiere moverse, permanece para ser directamente devaluado.
Usualmente ofrezco el siguiente argumento resumido de este proceso: el capital,
en su proceso de expansión geográfica y desplazamiento temporal que resuelve
las crisis de sobreacumulación a la que es proclive, crea necesariamente un
paisaje físico a su propia imagen y semejanza en un momento, para destruirlo luego.
Esta es la historia de la destrucción creativa (con todas sus consecuencias
sociales y ambientales negativas) inscripta en la evolución del paisaje físico
y social del capitalismo. Generalmente surge otra serie de contradicciones
dentro de la dinámica de las transformaciones. Si existen excedentes de capital
y de fuerza de trabajo dentro de un territorio determinado (como por ejemplo un
estado nación) que no pueden ser absorbidos internamente (ya sea mediante
ajustes geográficos o gastos sociales), deben ser enviados a otro lugar a fin
de encontrar un nuevo terreno para su realización rentable para no ser
devaluados. Esto puede suceder de varias maneras. Pueden encontrarse otros
mercados para el excedente de mercancías. Pero los espacios a los que se envían
los excedentes deben poseer reservas de oro o dinero (por ejemplo, dólares) o
bienes intercambiables como medios de pago. Los excedentes de mercancías
egresan a cambio del ingreso de dinero o mercancías. El problema de la
sobreacumulación se alivia sólo en el corto plazo, ya que se trata meramente de
un cambio del excedente de mercancías por dinero o por otra forma-mercancía,
aunque en el caso de que el cambio se realice en materias primas u otros
insumos más baratos es posible aliviar temporariamente la presión a la baja de
la tasa de ganancia en el lugar. Si el territorio no posee reservas o
mercancías para intercambiar, debe hallarlas (como fue el caso en el que Gran
Bretaña forzó a India a hacerlo, abriendo el comercio de opio con China en el
siglo XIX y extrayendo el oro chino a través del comercio hindú) o debe recibir
crédito o asistencia. En este último caso, un territorio recibe el préstamo o
la donación del dinero con que comprar el excedente de mercancías generadas en
el territorio en cuestión. Los británicos hicieron esto con Argentina en el
siglo XIX, y durante la década de los ‘90 los excedentes comerciales japoneses
fueron ampliamente absorbí dos mediante préstamos para EUA
destinados a apoyar el consumismo que compraba los bienes japoneses. Claramente,
las transacciones mercantiles y crediticias de este tipo pueden aliviar los
problemas de sobreacumulación, al menos en el corto plazo. Ellas funcionan muy
bien en condiciones de desarrollo geográfico desigual en las que los excedentes
disponibles en un territorio se compensan por la falta de oferta en otro lugar.
Pero simultáneamente, el recurso al sistema de crédito vuelve a los territorios
vulnerables a los flujos de capital especulativo y ficticio, que pueden tanto
estimular como minar el desarrollo capitalista e inclusive, como sucedió
recientemente, pueden ser usados para imponer salvajes devaluaciones en
territorios vulnerables. La exportación de capital, particularmente cuando esta
va acompañada por la de fuerza de trabajo, opera de manera bastante diferente y
frecuentemente tiene efectos de más largo plazo. En este caso, los excesos de
capital (por lo general capital-dinero) y trabajo son enviados a otros lugares
para poner en movimiento la acumulación de capital en el nuevo espacio. Los
excedentes generados en Gran Bretaña en el siglo XIX encontraron su lugar en
EUA y en las colonias en Sudáfrica, Australia y Canadá, creando nuevos centros
dinámicos de acumulación en estos territorios, lo cual generó una demanda de
bienes británicos. Dado que pueden transcurrir muchos años para que el
capitalismo madure en estos territorios (si es que alguna vez lo hace) y
comience a producirse sobreacumulación de capital, el país de origen puede
esperar beneficiarse por un período considerable como resultado de este
proceso. Este es el caso particular de los bienes que se demandan en otros
lugares como infraestructuras físicas fijas (como por ejemplo ferrocarriles y
represas) requeridas como base para la futura acumulación de capital. Pero la
tasa de retorno de estas inversiones de largo plazo en el ambiente construido
depende de la evolución de una dinámica sostenida de acumulación en el país
receptor. Gran Bretaña guio a Argentina en este camino durante la última parte
del siglo XIX. EUA, a través del Plan Marshall para Europa (Alemania en
particular) y Japón vio claramente que su propia seguridad económica (dejando
de lado el aspecto militar asociado a la guerra fría) residía en la
revitalización de la actividad capitalista en estos lugares. Las
contradicciones surgen porque los nuevos espacios dinámicos de acumulación de
capital terminan por generar excedentes que deben ser absorbidos a través de la
expansión geográfica. A partir de fines de los ‘60, Japón y Alemania se
transformaron en competidores de EUA, de modo similar a como Norteamérica había
superado al capital británico (y contribuido a derrumbar su imperio) durante el
siglo Seis interesante observar el momento en el que el desarrollo interno
fuerte desborda en la búsqueda de un ajuste espaciotemporal. Japón lo hizo
durante los ‘60,primero a través del comercio, luego a través de la exportación
de capital como inversión directa en Europa y Muay más recientemente a través
de inversiones masivas (directas y de cartera) en el Este y Sudeste asiático, y
finalmente a través de los préstamos al exterior (particularmente a EUA).Corea
del Sur se volcó repentinamente hacia el exterior en los ‘80, seguida casi
inmediatamente por Taiwán en los ‘90.Ambos países exportan no sólo capital
financiero sino también algunas de las más despiadadas prácticas de
administración del trabajo que puedan imaginarse, como subcontratistas del
capital multinacional alrededor del mundo (en América Central, África, y el
resto del Sur y Este de Asia).Incluso los países que han tenido éxito en su
reciente adhesión al desarrollo capitalista tuvieron la urgente necesidad de
encontrar un ajuste espacio-temporal para su capital sobre acumulado. La
rapidez con la que ciertos territorios, como Corea del Sur, Singapur, Taiwán, y
ahora también China, pasaron de ser receptores netos a exportadores netos, ha
sido bastante asombrosa si se la compara con el ritmo más lento en períodos
anteriores. Así, estos territorios exitosos deben adaptarse rápidamente a la
presión interna de sus propios ajustes espaciotemporales. China, que absorbe
excedentes en forma de inversión extranjera directa de Japón, Corea y Taiwán,
está reemplazando rápidamente a estos países en muchas líneas de producción y
exportaciones (particularmente las de bajo valor agregado e intensivas en trabajo,
aunque prontamente está avanzando en la producción de mercancías de mayor valor
agregado).El exceso generalizado de capacidad identificado por Brenner puede
desagregarse en una serie expansiva de ajustes espacio-temporales, en el Sur y
el Este de Asia en primer lugar, adicionalmente en América Latina –Brasil,
México y Chile en particular–, acompañados ahora por Europa oriental. Y en una
sugerente reversión, explicable en buena medida por el rol del dólar como
moneda de reserva global que confiere el poder de señoreaje, EUA, con el enorme
crecimiento de su deuda, ha absorbido los capitales excedentes del Este y
Sudeste asiático principalmente y también de otros lugares9. El resultado adicional,
sin embargo, es la competencia interna a c i o n a l, q u e se intensifica
crecientemente a medida que surgen múltiples centros dinámicos de acumulación
de capital que compiten en el escenario mu n d i a l, e n un marco de fuertes
corrientes de sobre c u m el a c i o n. Como no todos pueden tener éxito a
largo plazo, o bien los más débiles sucumben y caen en se r las crisis de dedal
u a c i o n , o bien estallan confrontaciones geopolíticas expresadas a través
de guerras comer i a l e s ,m o n e t a rías o incluso militares (de las que pros
u j e r en dos guerras mundiales entre las potencias capitalistas en el
siglo XX).En este caso, lo que se exporta es la devaluación y la destruí cien
(por ejemplo, aquella que las instituciones financieras estadounidenses in d u
j e r en en el Este y Sudeste asiático en 1997-1998),y los ajustes
espaciotemporales asumen formas mucho más siniestras. Para entender cómo ocurre
esto, es necesario destacar algunos otros aspectos de este proco e s o.
CONTRADICCIONES INTERNAS
En
la Filosofía del Derecho, Hegel plantea cómo la dialéctica interna de la
sociedad burguesa, mediante la producción de sobreacumulación de riqueza en un
extremo y una muchedumbre de indigentes en el otro, lleva a buscar soluciones a
través del comercio y las prácticas coloniales e imperiales. Rechaza, por otra
parte, la idea de que sea posible resolver los problemas de desigualdad social
e inestabilidad a través de mecanismos internos de redistribución10.Lenin cita
a Cecil Rhodes para decir que el colonialismo y el imperialismo son las únicas
formas posibles de evitar la guerra civil11. Las relaciones y la lucha de clase
dentro de una formación social territorialmente circunscripta impulsan a la
búsqueda de ajustes espaciotemporales en otros lugares. En este sentido, es
interesante la evidencia de finales del siglo XIX. Joseph Chamberlain (apodado
“Joe, el radical”) se identificaba estrechamente con los intereses
manufactureros de Birmingham, y en principio se oponía al imperialismo (durante
las guerras afganas de la década de 1850). Se dedicó a la reforma educativa y a
la mejora de las infraestructuras físicas y sociales para la producción y el
consumo en su ciudad natal. Pensaba que esto ofrecía una salida para la
producción de los excedentes que en el largo plazo sería redituable. Figura
importante dentro del movimiento liberal conservador, fue un observador directo
de la creciente oleada de lucha de clases en Gran Bretaña. En 1885 pronunció un
discurso en el que convocaba a las clases propietarias a reconocer sus
responsabilidades sociales (a mejorar las condiciones de vida de los menos
favorecidos y a invertir en infraestructuras sociales y físicas en nombre del
interés nacional) más allá de la estricta promoción de sus derechos
individuales como propietarios. El escándalo que originó entre estas clases lo
forzó a retractarse, y desde ese momento se convirtió en el defensor más
ardiente del imperialismo (al final, como el Secretario Colonial que llevó a
Gran Bretaña al desastre de la guerra de los Boers). Pero esta trayectoria era
bastante común para la época. Jules Ferry en Francia, otro defensor ardiente de
la reforma interna, particularmente la reforma educativa durante la década de 1860
asumió la defensa del colonialismo luego de la Comuna de 1871 (llevando a
Francia
al
atolladero del Sudeste asiático que culminó en la derrota de Dicen BienPhu en
1954); Francesco Crispi trató de resolver el problema de la tierra en el Sur de
Italia a través de la colonización de África; y hasta Theodore Roosevelt en EUA
priorizó las políticas imperiales por sobre las reformas internas, luego de que
Frederic Jackson Turner declarara, erróneamente, al menos en lo que hace a las
oportunidades de inversión, que la frontera estadounidense estaba cerrada12. En
todos estos casos, el viraje hacia una forma liberal de imperialismo (asociada
a una ideología de progreso y a una misión civilizatoria) no resultó de
imperativos económicos absolutos sino de la falta de voluntad política de la
burguesía para resignar alguno de sus privilegios de clase, bloqueando así la
posibilidad de absorber la sobreacumulación mediante la reforma social interna.
Actualmente, la fuerte oposición por parte de los propietarios del capital a
cualquier política de redistribución o de mejora social interna en EUA no deja
otra opción que mirar al exterior para resolver sus dificultades económicas.
Este tipo de políticas de clase internas forzaron a muchos poderes europeos a
mirar al exterior para resolver sus problemas entre 1884 y 1945, y esto
imprimió su particular tonalidad a las formas que adoptó entonces el
imperialismo europeo. Muchas figuras liberales e incluso radicales se volvieron
imperialistas orgullosos durante estos años, y buena parte del movimiento
obrero se persuadió de que debía apoyar el proyecto imperial como un elemento
esencial para su bienestar. Esto requirió, sin embargo, que los intereses
burgueses comandaran ampliamente las políticas estatales, los aparatos
ideológicos y el poder militar. En mi opinión, Hannah Arendt interpreta este
imperialismo eurocéntrico correctamente como “la primera etapa del dominio
político de la burguesía y no la última fase del capitalismo”, como había sido
descripta por Lenin13. He de considerar esta idea con más detalle en la
conclusión.
MEDIACIONES INSTITUCIONALES PARA LA
PROYECCIÓN DEL PODER EN EL ESPACIO
En
un artículo reciente, Jeffrey Henderson señala que la diferencia entre Taiwán y
Singapur (ambos países escaparon de la crisis de 1997-98 relativamente ilesos
exceptuando la devaluación de la moneda) y Tailandia e Indonesia (que sufrieron
un colapso económico y político casi total) se explica por las diferencias en
el estado y las políticas financieras14.Los primeros se mantuvieron aislados de
flujos especulativos en sus mercados inmobiliarios y financieros a través de
fuertes controles estatales, mientras que los últimos no lo hicieron. Las
diferencias de este tipo sin duda impar tan. La forma que
asumen las instituciones mediadoras es la de productoras, a la vez que producto,
de la dinámica de la acumulación de capital. Claramente, tanto el patrón de
turbulencia en las relaciones entre poder estatal, supraestatal y financiero
como la dinámica más general de la acumulación de capital (a través de la
producción y devaluaciones selectivas) han sido uno de los más claros y más
complejos elementos en la narrativa del desarrollo geográfico desigual y de la
política imperialista del período iniciado en 197315.Pienso que Gowin tiene
razón cuando ve la reestructuración radical del capitalismo internacional como
una serie de apuestas por parte de EUA para tratar de mantener su posición
hegemónica en la escena económica internacional frente a Europa, Japón, y más
tarde frente al Este y Sudeste de Asia16. Esto comenzó durante la crisis de 1973,
con la doble estrategia de Nixon basada en altos precios del petróleo y
desregulación financiera. Entonces, los bancos estadounidenses recibieron el
derecho exclusivo de reciclar las grandes cantidades de petrodólares que se
estaban acumulando en la región del Golfo. Esta actividad financiera, que
volvió a centrarse en EUA, junto con la desregulación del sector financiero
dentro de este país, ayudó a rescatar a Nueva York de su crisis económica local.
Se creó un poderoso régimen financiero basado en Wall Street y la Reserva
Federal17 con poder de control sobre las instituciones financieras globales
(tales como el FMI) capaz de hacer y deshacer muchas economías más débiles a
través de la manipulación del crédito y de las prácticas de administración de
la deuda. Según el argumento de Gowan, este régimen monetario y financiero fue
usado por sucesivas administraciones norteamericanas “como un formidable
instrumento de gobernanza y control económico para impulsar el proceso de
globalización y las transformaciones nacionales neoliberales asociadas al
mismo”. El régimen se desarrolló a través de las crisis.“El FMI cubre el riesgo
y asegura que los bancos estadounidenses no pierdan (los países pagan mediante
ajustes estructurales, etc.) y la fuga de capitales provenientes de crisis
localizadas en el resto del mundo termina reforzando el poder de Wall
Street”18.Como efecto de esto,el poder económico norteamericano se ha
proyectado hacia el exterior (en alianza con otros, siempre que fuera
posible);se ha forzado la apertura de los mercados, particularmente los de
capital y de flujos financieros (actualmente un requisito para integrar el FMI)
y se han impuesto otras prácticas neoliberales (culminando con la OMC) sobre
buena parte del resto del mundo. Hay dos cuestiones a destacar en este sistema.
Primero, el libre comercio de mercancías suele describirse como la apertura del
mundo a una competencia libre y abierta. Pero este argumento es desmentido, tal
como Lenin lo había señalado mucho tiempo atrás, por el poder monopólico u oligopólico
(ya sea en la producción o en el consumo). Por ejemplo, EUA ha utilizado
repetidamente el cierre del acceso a su enorme mercado como arma para forzar a
otras naciones a cumplir con sus deseos. El caso más reciente (y burdo) de esta
línea argumental lo ofreció Robert Zoellick, el actual Secretario de Comercio, al
plantear que si Lula, el presidente electo de Brasil por el Partido de los
Trabajadores (PT), no se alinea con los planes de libre mercado para América,
entonces su país se vería forzado a exportar a la Antártida19.Taiwan y Singapur
fueron forzados a adherir a la OMC y ,consecuentemente, a abrir sus mercados
financieros al capital especulativo frente a las amenazas norteamericanas de
negarles acceso a su mercado. Ante la insistencia de la Reserva Federal, Corea
del Sur fue obligada a actuar en igual sentido como condición para obtener el
salvataje del FMI en 1998. EUA planea ahora agregar una cláusula de
compatibilidad financiera institucional para otorgar donaciones con
contrapartida a países pobres. En materia productiva, los oligopolios
localizados mayoritariamente en las regiones capitalistas centrales controlan
efectivamente la producción de semillas, fertilizantes, productos electrónicos,
programas de computación, productos farmacéuticos y productos del petróleo,
entre muchos otros. En estas condiciones, la mayor apertura mercantil no amplía
la competencia, sino que sólo crea oportunidades para la proliferación de los
poderes monopólicos con todas sus consecuencias sociales, ecológicas, económicas
y políticas. El hecho de que casi dos tercios del comercio exterior actual se
concentren en transacciones dentro de y entre las mayores corporaciones
transnacionales es un indicador de esta situación. Existe consenso entre los
analistas acerca de que en el Sur y Este de Asia algo aparentemente tan benigno
como la Revolución Verde ha acompañado el incremento del producto agrícola con
una considerable concentración de riqueza en el sector agrario y con mayores
niveles de dependencia respecto de insumos monopolizados. La penetración de las
empresas tabacaleras estadounidenses en el mercado chino compensa las pérdidas
que estas tienen en su propio mercado y seguramente generará una crisis de
salud pública en China en las próximas décadas. En este sentido, que el
neoliberalismo implica una competencia abierta antes que un control monopólico
o competencia limitada dentro de estructuras oligopólicas es una idea
fraudulenta que, como de costumbre, el fetichismo de la libertad de mercado
enmascara. El libre comercio no significa comercio justo. Como lo reconocen
algunos de sus defensores, hay también una gran diferencia entre el libre
comercio de mercancías y la libertad de movimiento para el capital
financiero20.Esto plantea inmediatamente el problema de qué clase de libertad
de mercado es aquella de la que se está hablando. Algunos, como J. Bhagwati, defienden
ardientemente el libre comercio de mercancías, pero se resisten a aceptar que
este necesariamente deba aplicarse a los flujos financieros. La dificultad aquí
es la siguiente. Por una parte, los flujos de crédito son vitales para las
inversiones productivas y para las reasignaciones de capital de una línea o
lugar de producción a otros. También juegan un papel importante al facilitar el
balance de las necesidades de consumo –de vivienda, por ejemplo– con las
actividades productivas en los mercados mundiales espacialmente desagregados
por la existencia de excedentes en algunos lugares y déficit en otros. Al respecto,
el sistema financiero, con o sin participación estatal, es crítico para
coordinar la dinámica de la acumulación de capital a través del desarrollo
geográfico desigual. Pero el capital financiero abarca también una gran
cantidad de actividad improductiva en la que el dinero se usa simplemente para
obtener más dinero mediante la especulación en mercancías futuras, valores
monetarios, deuda y demás. Cuando se dispone de grandes cantidades de capital
para estos fines, los mercados abiertos de capital se vuelven vehículos para la
actividad especulativa, parte de la cual se transforma en profecías
autocumplidas, como lo hemos visto durante los ‘90 en los casos de las
“punto.com” y las burbujas de la bolsa de valores, o los fondos especulativos
de cobertura (hedge funds), que contaban con billones de dólares a su
disposición, y forzaron la bancarrota de Indonesia y Corea del Sur sin que
importara la fortaleza de su economía real.Buena parte de lo que pasa en Wall
Street no tiene nada que ver con facilitar las inversiones en actividades
productivas. Es puramente especulativo (de aquí las descripciones de
capitalismo “casino”,“depredador” y hasta “buitre”–es el caso de la debacle de
Long Term Capital Management que necesitó de un salvataje de u$s 2.300
millones, lo que nos recuerda que la especulación puede fallar fácilmente).Esta
actividad tiene un fuerte impacto sobre la dinámica general de la acumulación
de capital. Sobre todo,facilitó que el poder político y económico volviera a
centrarse primariamente en EUA y en los mercados financieros de otros países
centrales (Tokio,Londres,Frankfurt). El modo en que esto ocurre depende de la
forma dominante de las alianzas de clase de los países centrales,las relaciones
de fuerza entre ellas en la negociación de los acuerdos internacionales (la
nueva arquitectura financiera internacional implementada luego de 1997-98 para
reemplazar al denominado Consenso de Washington-CW de mediados de los ‘90) y
las estrategias político-económicas puestas en marcha por los agentes
dominantes con respecto del capital excedente.El surgimiento de un complejo
“Wall Street-Reserva Federal-FMI”dentro de EUA,capaz de controlar las
instituciones globales y de proyectar un vasto poder financiero alrededor del
mundo mediante una red de otras instituciones financieras y gubernamentales,ha
jugado un rol determinante y problemático en la dinámica del capitalismo global
en los años recientes. Pero este centro de poder sólo puede operar del modo en
que lo hace porque el resto del mundo está interconectado y efectivamente
enganchado en un marco estructurado de instituciones financieras y
gubernamentales (incluyendo las supranacionales).De aquí la importancia de la
colaboración entre, por ejemplo,bancos centrales de las naciones del G7 y de
los diversos acuerdos internacionales (temporarios en el caso de las
estrategias monetarias y más permanentes en el caso de la OMC) diseñados para
afrontar dificultades específicas21.Y si el poder de mercado no es suficiente
para alcanzar determinados objetivos y para poner en caja a los elementos
recalcitrantes o “estados canallas”(rogue states),está disponible el
inigualable poder militar estadounidense (abierto o encubierto). Este complejo
de acuerdos institucionales debe,en el mejor de los mundos capitalistas
posibles,ponerse en marcha para sostener y apoyar la reproducción ampliada
(crecimiento).Pero,de modo similar a lo que sucede con la guerra en relación
con la diplomacia, la intervención del capital financiero respaldada por el
poder estatal frecuentemente puede volverse acumulación por otros medios.Una
alianza non sancta entre los poderes estatales y los aspectos depredadores del
capital financiero forma la punta de lanza de un “capitalismo de rapiña” dedicado
a la apropiación y devaluación de activos,más que a su construcción a través de
inversiones productivas. Pero, ¿cómo debemos interpretar estos “otros medios”
de acumulación o devaluación?
ACUMULACIÓN POR DESPOSESIÓN
En
La acumulación del capital, Luxemburgo presta atención al carácter dual de la
acumulación de capital: V De un lado tiene lugar en los sitios de producción de
la plusvalía –en la fábrica, en la mina, en el fundo agrícola y en el mercado
de merca n c í a s. Considerada así, la acumulación es un proceso puramente económico,
u y a fase más importante se realiza entre los capitalistas y los trabajadores
asalaria dos… Par z ,p propiedad e igualdad reinan aquí como forma s , y era
menester la dialéctica afilada de un análisis científico para descubrir cómo en
la acumulación el derecho de propiedad se con vi e r te en apropiación de por i
e d a d aj e n a , el cambio de mercancías en explotación, la igualdad en
dominio de cl. a s e s . El otro aspecto de la acumulación del capital se
realiza entre el capi tal y las formas de producción no capitalistas.
Este proceso se desarrolla en la escena muy d i a l. Aquí reinan como métodos
la política colonial, el sistema de empréstitos interna c i o n a l e s, la
política de intereses privad o s, la guerra. Ap. a r echen aquí, sin disimulo o,
la violencia, el engaño, la opresión y la rapiña. Por eso cuesta trabajo
descubrir las leyes severas del proceso económico en esta confusión de actos
políticos de violencia, y en esta lucha de fuerzas.
Estos
dos aspectos de la acumulación, según su argumento, están “orgánicamente
vinculados” y “la evolución histórica del capitalismo sólo puede ser
comprendida si los estudiamos conjuntamente”22. La teoría general de la
acumulación de capital de Marx se basa en cierto s supuestos iniciales
cruciales que, en términos generales, coinciden con los de la economía política
clásica y que excluyen los procesos de acumulación origen a r ya. Estos
supuestos son: me r cados competitivos que funcionan libre e n té con acuerdos institucionales
que garantizan la propiedad privad a , el individualismo jurídico, la libertad
de contratar, y estructuras legales y gobernar mentales apropiadas garantizadas
por un estado “f ac i l i t a d o r ” , el cual también asegura la integridad
del dinero como res e r va de valor y como medio de circo l a c i o n . El rol
del capitalista como productor e intercambiador de merca n días está estable c
i d o ,y la fuerza de trabajo se ha con ver todo en una merca n c í a que
generalmente se intercambia por su val o r .La acumulación “p r mi i t i va” u
“o r ir in a r ya ” ya ha ocurrid o ,y la acumulación se desarrolla como red r o
u c cien ampliada (a través de la explotación del trabajo vivo en la producción
n ) dentro de una economía cerrada que
opera en condiciones de “p a z , propiedad e igualdad”. Estos supuestos nos
permiten ver qué pasaría si el proyecto t o liberal de la economía política
clásica o, en une s t r o tiempo, el proyecto neoliberal de los economistas
neoclásicos, se rea l i z a r a. La brillantez del método dialéctico de Marx es
mostrar que la liberalización mercantil –el credo de los liberales y
neoliberales– no producirá un estado de armonía en el que todos estarán mejor,
sino que producirá mayor es niveles de desigualdad social, o m o de hecho ha
sucedido durante los últimos treinta años de neoliberalismo, particularmente en
países como Gran Bretaña y EUA, que se atuvieron más es t r echa mente a esta
línea política. Marx predice que también producirá creciente inestabilidad, la
cual culminará en crisis crónicas de sobre c u m el a c i o n del tipo de la
que ahora estamos pres e n c i a n d o. La desventaja de estos supuestos es que
relegan la acumulación basada en la depredación, el fraude y la violencia a una
“etapa originaria “que deja de ser considerada relevante, o, como en el caso de
Luxemburgo, es vista como algo “exterior “al sistema capitalista. Una revisión
general del rol permanente y de la persistencia de prácticas depredadoras de
acumulación “primitiva” u “originaria” a lo largo de la geografía histórica de
la acumulación de capital resulta muy pertinente, tal como lo han señalado
recientemente muchos analistas23. Dado que denominar “primitivo” u “originario
“a un proceso en curso parece desacertado, en adelante voy a sustituir estos
términos por el concepto de “acumulación por desposesión”. Una mirada más
atenta de la descripción que hace Marx de la acumula a cien ori in a r ia
revela un rango amplio de proc e s o s . Estos incluyen la merca n utilización
y privatización de la tierra y la expulsión forzosa de las Pobla c i o n e s ca
m p e s i n a s ; la conversión de diversas formas de derechos de por i e d a d
–c o m u n , con l e c t i va ,e s t a t a l ,e t c.– en derechos de propiedad
exclusivos ; la supresión del derecho a los bienes común e s ; la
transformación de la fuerza de trabajo en mercancía y la supresión de formas de
producción y consumo alterna t i vas ; los procesos coloniales, neocoloniales e
imperiales de apropiación de ac t i va s ,i n c l u yendo los red u r sus naturales;
la monetización de los enterca m b i o s y la recaudación de impuestos, a r ti
c u l a r mente de la tierra ; el tráfico de esclavos ; y la usura, la deuda
pública yin n a l m e n t e ,el sistema de crédito. El estado, con su monopolio
de la violencia y sus definiciones de legalidad, juega un rol car acial al
respaldar y Prim o ver estos proco e s o s. Ha y evidencia considerable , como
lo sigue r e Marx y lo confirma Braudel, de que la transición al desarrollo
capitalista estuvo ampliamente supeditada al apoyo del estado –apoyo decidido
en el caso de Gran Bret a ñ a , débil en Francia y fuertemente negativo hasta
hace muy poco tiempo en China24 .La red e r encía al carácter reciente del
viraje hacia la acumulación ori in a r ya en China indica que se trata de un proco
e so en curso ; y existen fuertes evidencias de que el estado y la política han
jugado un rol crítico en la definición de la intensidad y los patrones de las une
vas fo r más de acumulación de capital, a r ti c u l a r mente en el Este y
Sudeste de As i a (por ejemplo, en el caso de Singapur). El rol del “estado desarrollo
l i s t a” en las fases recientes de acumulación de capital ha sido objeto de
intenso análisis25. Sólo hace falta vol. v era la mirada hacia la Alemania de
Bismarck o al Japón de Meiji para reconocer que este ha sido el caso desde hace
tiempo. Todos los rasgos mencionados por Marx han estado claramente presentes
en la geografía histórica del capitalismo. Algunos de ellos se han adecuado y
hoy juegan un rol aún más importante que el que habían jugado en el pasado.
Como lo resaltaron Lenin, Hilferding y Luxemburgo, el sistema de crédito y el
capital financiero han sido factores que influyeron significativamente en la
depredación, el fraude y el robo. Las promociones bursátiles, los esquemas de poni*,la
destrucción estructurada de activos a tras vez de la
inflación, el vaciamiento a través de fusiones y adquisiciones, la promoción de
niveles de endeudamiento que aun en los países capitalistas avanzados reducen a
la servidumbre por deudas a poblaciones enteras, por no mencionar el fraude corporativo,
la desposesión de activos (el ataque de los fondos de pensión y su liquidación
por los colapsos accionarios y corporativos) mediante la manipulación de
crédito y acciones, todos estos son rasgos centrales de lo que es el
capitalismo contemporáneo. El colapso de Enron desposeyó a mucha gente de sus
medios de vida y sus derechos de pensión. Pero, sobre todo, debemos prestar
atención a los ataques llevados a cabo por los fondos especulativos de
cobertura y otras grandes instituciones del capital financiero como la punta de
lanza de la acumulación por desposesión en los últimos años. Al crear una
crisis de liquidez en el sudeste asiático, los fondos especulativos de
cobertura forzaron la bancarrota de empresas. Estas empresas pudieron ser
adquiridas a precios de liquidación por capitales excedentes de los países centrales,
dando lugar a lo que Wade veneros describen como “la mayor transferencia de
activos desde propietarios domésticos (por ejemplo, del Sudeste asiático) a
extranjeros (por ejemplo, estadounidenses, japoneses y europeos) en tiempos de
paz en los últimos cincuenta años en cualquier lugar del mundo”26. También han
aparecido mecanismos completamente nuevos de acumulación por desposesión. El
énfasis en los derechos de propiedad intelectual en las negociaciones de la OMC
(el denominado acuerdo TRIPS*) marca los caminos a través de los cuales las patentes
y licencias de materiales genéticos, plasma de semillas, y cualquier forma de
otros productos, pueden ser usadas contra poblaciones enteras cuyas prácticas
de manejo ambiental han jugado un papel crucial en el desarrollo de estos materiales.
La biopiratería es galopante, y el pillaje del stock mundial de recursos
genéticos en beneficio de unas pocas grandes empresas multinacionales está
claramente en marcha. La reciente depredación de los bienes ambientales
globales (tierra, aire, agua) y la proliferación de la degradación ambiental,
que impide cualquier cosa menos los modos capital-intensivos de producción agrícola,
han resultado de la total transformación de la naturaleza en mercancía. La
mercantilización de las formas culturales, las historias y la creatividad
intelectual supone la total desposesión –la industria de la música se destaca
por la apropiación y explotación de la cultura y la creatividad populares. La corporativizarían
y privatización de activos previamente públicos (como las universidades), por
no mencionar la ola de privatización del agua y otros ser vicios
públicos que ha arrasado el mundo, constituye una nueva ola de “cercamiento de
los bienes comunes”. Como en el pasado, el poder del estado es usado
frecuentemente para forzar estos procesos, incluso en contra de la voluntad
popular. Como también sucedió en el pasado, estos procesos de desposesión están
provocando amplia resistencia, de esto se trata el movimiento
antiglobalización27. La vuelta al dominio privado de derechos de propiedad
común ganados a través de la lucha de clases del pasado (el derecho a una
pensión estatal, al bienestar, o al sistema de salud nacional) ha sido una de
las políticas de desposesión más egregias llevadas a cabo en nombre de la
ortodoxia neoliberal. El plan del gobierno de Bush para privatizar la seguridad
social (y hacer que las pensiones queden sujetas a las oscilaciones de los
mercados accionarios) es un caso claro de esto. No sorprende, entonces, que
buena parte del énfasis del movimiento antiglobalización se haya centrado
recientemente en el reclamo de los bienes comunes y en el ataque al rol
conjunto del estado y del capital en su apropiación. El capitalismo internaliza
prácticas canibalísticas, depredadoras y fraudulentas. Pero, tal como
Luxemburgo observó convincentemente, es “a menudo difícil determinar, dentro de
la maraña de violencia política y disputas de poder, las duras leyes del
proceso económico”. La acumulación por desposesión puede ocurrir de diversos
modos y su modus operándoteme mucho de contingente y azaroso. Así y todo, es omnipresente,
sin importar la etapa histórica, y se acelera cuando ocurren crisis de
sobreacumulación en la reproducción ampliada, cuando parece no haber otra
salida excepto la devaluación. Arendt sugiere, por ejemplo, que para Gran
Bretaña en el siglo XIX, las depresiones de los ‘60 y ‘70 dieron el impulso
inicial de una nueva forma de imperialismo en la que la burguesía tomó
conciencia de que “por primera vez, el pecado original del simple robo, que siglos
antes había hecho posible “la acumulación originaria de capital” (Marx) y que
había posibilitado toda acumulación posterior, debía repetirse una y otra vez,
so pena de que el motor de la acumulación súbitamente se detuviera”28.Esto nos
retrotrae a las relaciones entre la búsqueda de ajustes espacio-temporales, los
poderes estatales, la acumulación por desposesión y las formas de imperialismo
contemporáneo.
EL “NUEVO “IMPERIALISMO
Las
formaciones sociales capitalistas, a menudo constituidas mediante configuraciones
territoriales o regionales particulares y usualmente dominadas por algún centro
hegemónico, se han involucrado por mucho tiempo en prácticas
cuasi-imperialistas que buscan ajustes espaciotemporales para
sus problemas de sobreacumulación. Es posible, sin embargo, periodizar la
geografía histórica de estos procesos tomando seriamente el argumento de Arendt
de que el imperialismo centrado en Europa durante el período 1884-1945
constituyó el primer intento de dominio político global por parte de la
burguesía. Los estados nación se involucraron en proyectos imperiales propios
para enfrentar sus problemas de sobreacumulación y conflicto de clase internos.
Al cambiar el siglo, este primer sistema estabilizado bajo hegemonía británica
y construido en torno de los flujos libres de capital y mercancías en el
mercado mundial se descompuso en conflictos geopolíticos entre los principales
poderes que intentaban obtener autarquía en sistemas crecientemente cerrados.
Confirmando en buena medida la predicción de Lenin, este sistema estalló en dos
guerras mundiales. Parte del resto del mundo estaba sufriendo el saqueo de
recursos (basta mirar la historia de lo que Japón hizo en Taiwán o lo que Gran
Bretaña hizo a Witwatersrand en Sudáfrica) con el objetivo de que la
acumulación por desposesión compensara la incapacidad crónica de sostener el
capitalismo a través de la reproducción ampliada, que se manifestaría en los
‘30. Este sistema fue sustituido en 1945 por uno liderado por EUA en el que se
trataba de establecer una alianza global entre todos los principales poderes
capitalistas para evitar guerras de aniquilación recíproca y encontrar una
forma racional de enfrentar la sobreacumulación que había plagado la década del
‘30. Para que esto sucediera, era necesario compartir los beneficios de la
intensificación de un capitalismo integrado en las regiones centrales (por esto
el apoyo estadounidense a las iniciativas de conformación de la Unión Europea)
e involucrarse en la expansión geográfica sistemática del sistema (de aquí la
insistencia estadounidense en la descolonización y el “desarrollismo” como un
objetivo generalizado para el resto del mundo). Esta segunda fase de dominio
global burgués fue posible en gran medida por la contingencia de la guerra fría.
Esta supuso el liderazgo militar y económico estadounidense como el único
superpoder capitalista. El efecto fue la construcción de un “superimperialismo”
estadounidense hegemónico, que era más político y militar que una manifestación
de necesidad económica. EUA no era demasiado dependiente de exportaciones o
importaciones. Podía incluso afrontar la apertura hacia otros mercados y así
absorber mediante ajustes espaciotemporales internos, como el sistema de
autopistas interestatal, la su urbanización desordenada y el desarrollo de sus
regiones sur y oeste, parte de la capacidad excedente que comenzaba a generarse
en Alemania y Japón durante los ‘60. Así, se produjo un sólido crecimiento con
la reproducción ampliada en el mundo capitalista. La acumulación por
desposesión estuvo relativamente silenciada, aunque países con capital
excedente, como Japón y Alemania Occidental, tenían una creciente necesidad de
buscar mercados externos, incluyendo la competencia por el control de los
mercados en desarrollo post-coloniales29.A pesar de esto, en Europa se
instauraron fuertes controles sobre la exportación de capital (no así sobre la
exportación de mercancías) y se mantuvieron las restricciones sobre las
importaciones de capital en Asia del Este. Dominaron las luchas de clase al
interior de los estados nación por la reproducción ampliada (cómo ocurriría y
quién se beneficiaría).Las principales luchas geopolíticas que surgieron fueron
las propias de la guerra fría (con el otro imperio construido por los
soviéticos) o luchas residuales (a menudo atravesadas por la política de la
Guerra Fría que llevó a EUA a apoyar muchos regímenes postcoloniales
reaccionarios) que resultaron de la falta de voluntad de los poderes europeos
de desvincularse de sus posesiones coloniales (la invasión de Suez por
británicos y franceses en 1956,que no contó en absoluto con el apoyo de EUA,
fue emblemática). El resentimiento creciente generado por quedar atrapados en
una situación espaciotemporal de subordinación perpetua al centro suscitó
movimientos de liberación nacional y contra la dependencia. El socialismo del
Tercer Mundo buscó la modernización sobre una base política y de clase
completamente diferente. Este sistema se quebró alrededor de los ‘70. Resultaba
difícil imponer controles al capital cuando los dólares excedentes inundaban el
mercado mundial. Las presiones inflacionarias resultantes del intento de EUA de
tener al mismo tiempo “cañones y mantequilla “en medio de la Guerra de Vietnam
se volvieron muy intensas, a la vez que los niveles de lucha de clase en muchos
de los países centrales comenzaron a erosionar las ganancias. EUA trató
entonces de erigir un sistema distinto, basado en una combinación de nuevos
acuerdos internacionales y financiero-institucionales que contrarrestaran las
amenazas económicas de Alemania y Japón y que volvieran a centrar el poder
económico como capital financiero operando desde Wall Street. La connivencia
entre el gobierno de Nixon y los sauditas para llevar el precio del petróleo a
niveles siderales en 1973 hizo mucho más daño a las economías europeas y
japonesa que a la estadounidense, ya que esta última no era en ese momento
demasiado dependiente de la oferta petrolera de Oriente Medio30. Los bancos
estadounidenses ganaron el privilegio de reciclar los petrodólares en la
economía mundial. Amenazado en la esfera de la producción, EUA contraatacó
imponiendo su hegemonía a través de las finanzas. Pero para que este sistema
funcionara efectivamente, los mercados en general, y los mercados de capital en
particular, debían ser forzados a abrirse al comercio internacional –un proceso
lento que requirió de la presión intensa de EUA respaldada por el uso de
factores de influencia internacional tales como el FMI y
del compromiso igualmente intenso con el neoliberalismo como la nueva ortodoxia
económica. También implicó un cambio en la correlación de poder dentro de la
propia burguesía, en el que los sectores productivos perdieron poder frente a
las instituciones del capital financiero. Esto podía usarse para combatir el
poder de los movimientos de trabajadores en la reproducción ampliada, ya sea directamente,
ejerciendo la supervisión disciplinaria en la producción, o indirectamente,
facilitando la mayor movilidad geográfica de todas las formas de capital. Así, el
capital financiero fue central para esta tercera fase del dominio global
burgués. Este sistema era mucho más volátil y depredador y conoció varios
períodos breves de acumulación por desposesión –usualmente mediante programas
de ajuste estructural administrados por el FMI– que sirvieron de antídoto para
las dificultades en la esfera de la reproducción ampliada. En algunas
instancias, tal es el caso de América Latina en los 80, economías enteras
fueron asaltadas, y sus activos recuperados por el capital financiero estadounidense.
En 1997, el ataque a las monedas tailandesa e indonesia por parte de los fondos
especulativos de cobertura (Edge fundó), respaldado por las feroces políticas
deflacionarias demandadas por el FMI, llevó a la bancarrota a empresas que no
necesariamente eran inviables y revirtió el destacado progreso económico y
social que se había alcanzado en parte del Este y Sudeste de Asia. Como resultado,
millones de personas fueron víctimas del desempleo y el empobrecimiento.
Además, la crisis suscitó un desplazamiento hacia el dólar, confirmando el
dominio de Wall Street y generando un asombroso boom de los valores de los
activos para los estadounidenses ricos. Las luchas de clase comenzaron a
confluir alrededor de temas como los ajustes estructurales impuestos por el FMI,
las actividades depredadoras del capital financiero y la pérdida de derechos a
través de la privatización. Las crisis de deuda pueden usarse para reorganizar
las relaciones sociales de producción en cada país, sobre la base de un
análisis que favorezca la penetración de capitales externos. Los regímenes
financieros internos, los mercados internos y las empresas prósperas quedaron
así a merced de las empresas estadounidenses, japonesas o europeas. De este
modo, las bajas ganancias en las regiones centrales pudieron ser complementadas
con una parte de las mayores ganancias obtenidas en el exterior. La acumulación
por desposesión se convirtió en un rasgo mucho más central dentro del
capitalismo global (con la privatización como uno de sus principales mantras).
La resistencia a esto también se volvió más central dentro del movimiento
anticapitalista y antiimperialista31.Pero el sistema centrado en el complejo
Wall Street-Reserva Federal tenía varias dimensiones multilaterales con los centros
financieros de Tokio, Londres, Frankfurt y muchos otros centros financieros participantes.
Estaba asociado con la emergencia de corporaciones capitalistas transnacionales
que, a pesar de que pudieran tener una base en uno u otro estado-nación, se
extendían a lo ancho del mapa mundial en formas que eran impensables en fases
previas del imperialismo (los carteles y trust descriptos por Lenin estaban
estrechamente relacionados a estados -nación concretos).Este era el mundo que
la Casa Blanca de Clinton, con su todopoderoso Secretario del Tesoro Robert Rubín,
proveniente del sector especulador de Wall Street, trató de administrar
mediante un multilateralismo centralizado (cuyo epítome fue el denominado
“Consenso de Washington “de mediados de los ‘90).Por un instante pareció que
Lenin se había equivocado y que Kart Kautsky tenía razón y que un ultra
imperialismo basado en la colaboración “pacífica “entre los mayores poderes
capitalistas –ahora simbolizado por el agrupamiento conocido como el G7 y la
denominada “nueva arquitectura financiera internacional “bajo la hegemonía de
EUA–32 era posible. Pero ahora este sistema se encuentra en serias
dificultades. La extrema volatilidad y fragmentación caótica de los conflictos
de poder hace difícil, como lo había notado tempranamente Luxemburgo, discernir
cómo están trabajando las leyes duras de la economía detrás de la humareda y
los juegos de espejos del sector financiero. Pero en tanto la crisis de 1997-98
reveló que el principal centro con capacidad de producir plusvalor se ubica en
el Este y Sudeste asiático (de aquí que EUA apuntara específicamente allí para
la devaluación), la rápida recuperación del capitalismo en esta región ha
vuelto a poner el problema general de la sobreacumulación en el centro de los
asuntos internacionales33. Esto plantea la cuestión de cómo podría organizarse
una nueva forma de ajustes espaciotemporales (¿en China?) o de quién soportará
el impacto de una nueva ronda de devaluación. La incipiente recesión norteamericana,
luego de una década o más de exuberancia espectacular (aunque “irracional”)
indica que EUA puede no ser inmune. La mayor inestabilidad reside en el rápido
deterioro de la balanza de pagos de EUA. Según Brenner,“la misma explosión de
las importaciones que impulsó la economía mundial “durante los ‘90,“llevó el
comercio y los déficits de cuenta corriente de EUA a niveles récord, con el
crecimiento inédito de las responsabilidades de los propietarios externos” y “la
vulnerabilidad sin precedentes de la economía estadounidense a la fuga de
capital y al colapso del dólar”34.Pero esta vulnerabilidad afecta a ambas
partes.Si el mercado estadounidense colapsa, las economías que se orientan a
ese mercado como receptor de su capacidad productiva excedente se hundirán con él.
La rapidez con la que los bancos centrales de países como Japón y Taiwán giran
fondos para cubrir el déficit estadounidense tiene un fuerte componente de
autointerés. De este modo, ellos financian el consumismo estadounidense, el
cual constituye el mercado para sus productos. En este momento, pueden estar
financiando el esfuerzo militar de EUA. Pero, una vez más, la hegemonía y
dominación de EUA están amenazadas y esta vez el peligro parece más agudo. Si, por
ejemplo, Braudel (seguido por Arrighi) está en lo cierto, y una poderosa ola de
financiarización puede ser el preludio de una transferencia del poder dominante
de un hegemon hacia otro, el viraje de EUA hacia la financiarización en los ‘70
parecería ejemplificar un patrón histórico de autodestrucción35.Los déficit,
tanto internos como externos, no pueden seguir creciendo descontroladamente por
un tiempo indefinido, y la habilidad y voluntad de otros, primariamente de
Asia, para financiarlos, al ritmo de os 2.300 millones por día a tasas
corrientes, no es inagotable. Cualquier otro país en el mundo que exhibiera las
condiciones macroeconómicas de la economía estadounidense estaría sujeto a una
despiadada austeridad y a mecanismos de ajuste estructural del FMI. Pero, como
lo remarca Gowin: “la capacidad de Washington de manipular el precio del dólar
y de explotar el dominio financiero internacional de Wall Street permitió a las
autoridades estadounidenses evitar lo que otros estados se vieron obligados a
hacer: vigilar la balanza de pagos; ajustar la economía doméstica para asegurar
altos niveles de ahorros e inversiones internas; vigilar los niveles de
endeudamiento público y privado; asegurar un sistema interno de intermediación
financiera para asegurar el fuerte desarrollo del sector productivo interno”.
La economía estadounidense ha tenido una “ruta de escape de todas estas tareas”
y como resultado se ha vuelto “profundamente distorsionada e inestable”36. Más
aún, las sucesivas olas de acumulación por desposesión, la marca distintiva del
nuevo imperialismo centrado en EUA, están suscitando resistencia y
resentimiento dondequiera que irrumpen, generando no sólo un activo movimiento
antiglobalización mundial (cuya forma difiere bastante de la de las luchas de
clase imbricadas en la reproducción ampliada),sino también una activa
resistencia a la hegemonía de EUA por parte de poderes subordinados previamente
maleables a su influencia, particularmente en Asia (Corea del Sur es un caso),y
ahora inclusive en Europa. Las opciones para EUA son limitadas.EU A podría apartar
r se dé la actual forma de imperio l i s m o, con m p r omitiéndose en una red
i s t ir fusión masiva de riqueza dentro de sus fronteras y buscando esquemas
de absorción del excedente a través de ajustes temporales internos (mejoras
espectaculares en la educación pública y reparación de infraestructuras
envejecidas serían bue n o s puntos de partí d a). Una estrategia industrial de
revitalización de la manufactura también podría allí d a r. Per o esto red u e
r iría más financiamiento déficit t a r ido o mayor es impuestos, así como una
fuerte dirección estatal, y esto es por occisamente lo que la burguesía se
negará a contemplar, como sucedió en los tiempos de Chamberlain. Cualquier
político que propusiera un paquete como este sería, casi sin duda, silenciado a
gritos por la prensa capitalista y sus ideólogas s, y perdería cualquier
elección ante el poder abrumador del di n y r o. Así y todo, ir o n i c a m e n
t e ,un contraataque masivo dentro de EUA así como en otros países centrales
del capitalismo (partí c u l a r mente en Europa a ) contra las políticas del
neoliberalismo y el red o r te del estado y de los gastos sociales podría ser
una de las pocas formas de proto e g e r , desde adentro, al capitalismo
occidental contra sus propias tendencias autodestruí t i vas . Tratar de aplicar,
mediante la autodisciplina, el tipo de programas de austeridad que el FMI
usualmente impone a otros, sería, dentro de EUA,aún más suicida desde el punto
de vista político. Cualquier intento de hacerlo por parte de los poderes
externos (a través de la salida de capitales y el colapso del dólar,por
ejemplo) generaría, seguramente,una feroz respuesta política, económica y hasta
militar. Es difícil imaginar que EUA pudiera aceptar pacíficamente y adaptarse
al crecimiento fenomenal de Asia del Este y reconocer tal como Arrighi sugiere
que estamos en el medio de una transición fundamental hacia la constitución de
Asia como el centro hegemónico del poder global37.Es improbable que EUA se
despida tranquila y pacíficamente.Implicaría,en cualquier caso,que el
capitalismo del Este asiático sufra una reorientación –de la cual existen
algunos signos– desde una situación de dependencia del mercado estadounidense hacia
el florecimiento de un mercado interno dentro de la propia Asia.Aquí es donde
el enorme programa de modernización al interior de China –una versión del
ajuste espacio-temporal equivalente al que EUA efectuó internamente en los ‘50
y ‘60– puede jugar un rol importante en la absorción de los capitales
excedentes de Japón,Taiwán y Corea del Sur y,por lo tanto disminuir los flujos
hacia EUA.Taiwán,por ejemplo,exporta hoy más a China que a América del Norte.La
disminución del flujo de fondos a EUA podría tener consecuencias calamitosas.
Es en este contexto que vemos que sectores de las elites políticas
estadounidenses buscan ejercitar el músculo militar como el único poder que les
ha quedado,ha b lando abiertamente de Imperio como una opción política (p r es u
m i b le mente para obtener tribu usos del resto del mundo) y bus c a n d o con
n t r ollar la provisión de petróleo como un medio de contrarrestar las
amenazas de pérdida de poder de la economía global. Los intentos de EUA de in c
r amentar el control sobre las res y r vas petroleras iraquí y venezolana –en
el primer caso, con la intención de establecer la democracia y en el según do
derrocándola– cobran pleno sentido. Ellos buscan una repetición de los
acontecimientos de 1973, ya que Europa y Gap o n, tanto como el Este y Sudeste
asiáticos, ahora con la crucial inclusión de China, son aún más dependientes
del petróleo del Golfo que EUA. Si EUA maquina el derrocamiento de Chávez y de
Saddam; si puede estabilizar o red o r mar al régimen e n Sa u d i t a , ar modo
hasta los dientes y actualmente asentado sobre las aren a s no védicas del autora
a r ismo (con el riesgo inminente de caer en las manos de musulmanes
radicalizados –esto era, después de todo, el objetivo básico de Osama ben
Laden);si puede a van z a r ,como parece prov. a b le ,desde Irak a Irán y
consolidar su posición en Tur quía y Uzbekistán como una pres e n c i a es t r
a t é g rica en relación con las res e r vas petroleras de la cuenca del
Caspio, en t o n c e s , EU A podría esperar mantener el control efectivo sobre
la economía global y asegurar su propia posición económica por los próximos
cincuenta años a través del control firme del suministro global de petróleo38 .
Los peligros de una estrategia de este tipo son inmensos. La resistencia será
formidable en Europa y Asia, y no menor en Rusia. En este punto, es ilustrativa
la renuencia a aprobar en Naciones Unidas la invasión militar de EUA a Irak,
particularmente por parte de Francia y Rusia, las cuales tienen fuertes
conexiones con la explotación del petróleo iraquí. Particularmente, los
europeos se sienten mucho más atraídos por una visión kautskiana del ultra
imperialismo en la que los principales poderes capitalistas supuestamente
colaborarán sobre una base igualitaria. Una hegemonía estadounidense inestable
basada en la militarización permanente y en un aventurerismo tal que podría
amenazar seriamente la paz global no es una perspectiva atractiva para el resto
del mundo. Esto no quiere decir que el modelo europeo sea mucho más progresista.
Si se le cree a Robert Cooper, un consultor de Tony Blair, este modelo
resucitaría las distinciones entre estados civilizados, bárbaros y salvajes del
siglo XIX, bajo el disfraz de estados postmodernos, modernos y premodernos, en
donde los postmodernos, como guardianes de la conducta civilizada descentrada,
esperaran inducir por medios directos o indirectos la obediencia a las normas
universales (léase “occidentales “y “burguesas”) y a las prácticas humanísticas
(léase “capitalistas”) alrededor del mundo39. Este fue exactamente el modo en
el que liberales del siglo XIX, como John Stuart Mill, justificaron el
mantenimiento del tutelaje de la India y la exacción de tributos externos a la
par que, internamente, celebraban los principios del gobierno representativo.
En ausencia de una fuerte revitalización de la acumulación sostenida a través de
la reproducción ampliada, esto implicará una profundización de la política de
acumulación por desposesión en todo el mundo, con el propósito de evitar la
total parálisis del motor de la acumulación.
Esta
forma alternativa de imperialismo resultará difícilmente aceptable para amplias
franjas de la población mundial que han vivido en el marco de (y en algunos
casos comenzado a luchar contra) la acumulación por desposesión y las formas
depredadoras de capitalismo a las que se han enfrentado durante las últimas
décadas. La treta liberal que propone alguien como Cooper es demasiado familiar
para los autores postcoloniales como para resultar atractiva40.Y el militarismo
flagrante que EUA propone de manera creciente, sobre el supuesto de que es la
única respuesta posible al terrorismo global, no sólo está lleno de peligros
(incluyendo el precedente riesgoso del “ataque preventivo”) sino que también
está siendo gradualmente reconocido como una máscara para tratar de sostener
una hegemonía amenazada dentro del sistema global. Per o tal vez la pregunta
más interesante se red i y r e a la respuesta dentro de EU A. En este punto,
una vez más, Hannah Ar ende plantea un contundente ar g u m e n t o: el
imperialismo no puede sostenerse por mucho tiempo sin red r sesión activa, o
incluso tiranía interna 41. El daño infligido a las instituciones democráticas
internas puede ser sustancial (como lo paren d i y r en los franceses durante
la lucha por la independencia de Ar g e l i a). La tradición popular dentro o
de EUA es anticolonial y antiimperialista y durante las últimas décadas han
sido necesarios muchos ardí de s, cuando no el engaño declarado, para disimular
el rol imperial de Norte a m é r rica en el muy d o, o al menos para revestirlo
de intenciones humanitarias gran n d i lo c u e n t e s. No resulta claro que
la Pobla c i o n estadounidense vaya a apoyar en el largo plazo una gira o
abierto hacia un imperio militarizado (no más que lo que terminó avalando la guerra
de Vi e t n a m). Tampoco es prov. a b el que acepte por largo tiempo el precio
–ya sustancial, dadas las cláusulas red r es i vas incluidas en actas
patrióticas y de seguridad interior– que debe pagar internamente en términos de
derechos y libertades civil les y generales. Si el Imperio supone anular la
Carta de Dereck h o s, entonces no es claro que este trato vaya a ser aceptado fácilmente.
Per o la contracara de la dificultad es que, en ausencia de una revitalización
espectacular de la acumula c i o n, sostenida a través de la red r educción ampliada,
y con posibilidades limitadas de acumular por desposesión, la economía
estadounidense prov. a b le mente se hunda en una depresión deflacionaria que
hará que, por comparecí o n, la experiencia japonesa de la última década se
desvanezca en la insignifi c a n c i a. Y si se produce una fuga seria respecto
del dólar, la austeridad deberá ser intensa, a menos que surja una política de
red i s t r iba unión de riqueza y activos enteramente diferente (una persa e c
t i va que la burguesía contemplará con el más completo horror ) , centrada en
la total reorganización de las infraestructuras físicas y sociales de la nación,
que absorba el capital y el trabajo ocioso en tareas socialmente útiles,
distintas de aquellas puramente especulativas . Por lo dicho,
la forma que tomará un nuevo imperialismo está por definirse. Lo único cierto
es que estamos en el medio de una transición fundamental del funcionamiento del
sistema global y que hay una variedad de fuerzas en movimiento que podrían
fácilmente inclinar la balanza en una u otra dirección. El balance entre
acumulación por desposesión y reproducción ampliada ya se ha volcado a favor de
la primera y es difícil imaginar que esta tendencia haga otra cosa que profundizarse,
transformándose en el emblema de lo que es el nuevo imperialismo (incluyendo
planteos abiertos de gran significado ideológico acerca del nuevo imperialismo
y de la necesidad del imperio). También sabemos que la trayectoria económica de
Asia es clave, y que EUA todavía tiene dominio militar. Como lo señala Arrigí,
esta es una configuración única. Bien puede ser que estemos viendo en Irak la
primera etapa de cómo esta configuración podría operar geopolíticamente en el
escenario mundial, en un contexto de recesión generalizada. EUA, cuya hegemonía
durante el período inmediatamente posterior a la posguerra se basaba en la
producción, finanzas y poder militar, perdió su superioridad productiva luego
de los ‘70 y bien puede estar perdiendo su dominio financiero, quedándose
únicamente con el poderío militar. Lo que pasa dentro de EUA es, entonces, un
determinante de importancia vital para definir cómo podría articularse el nuevo
imperialismo. Y hay, para empezar, una acumulación de fuerzas opositora a la
profundización de la acumulación por desposesión. Pero las formas de lucha de
clase que ésta provoca son de naturaleza radicalmente distinta a las clásicas
luchas proletarias asociadas a la reproducción ampliada (que continúan
desarrollándose, aunque en formas más silenciosas) sobre las cuales
tradicionalmente descansaba el futuro del socialismo. Es vital impulsar las
alianzas que comienzan a surgir entre estos diferentes vectores de lucha en
tanto en ellas podemos discernir los lineamientos de una forma de globalización
enteramente diferente, no imperialista, que enfatiza el bienestar social y los
objetivos humanitarios asociados con formas creativas de desarrollo geográfico
desigual por sobre la glorificación del poder del dinero, el valor del mercado
accionario y la multiforme e incesante acumulación de capital a través de los variados espacios de la
economía global por cualquier medio, pero que termina siempre por concentrarse
fuertemente en unos pocos espacios de extraordinaria riqueza. Este momento
puede estar colmado de volatilidad e incertidumbre, pero esto significa que
está también lleno de potencialidades y signado por lo inesperado.
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