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Un paradigma
está constituido por una relación lógica extremada mente fuerte3 entre
nociones maestras, nociones clave y principios clave. esta relación y estos principios van a
gobernar a todos los discursos que obedecen, inconscientemente a su gobierno.
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No hace falta
creer que la cuestión de la complejidad se plantea solamente hoy en día, a
partir de nuevos desarrollos científicos. Hace falta ver la complejidad allí
donde ella parece estar por lo general, ausente, como, por ejemplo, en la vida
cotidiana.
la vida cotidiana
donde cada uno juega varios roles sociales, de acuerdo a quien sea en soledad,
en su trabajo, con amigos o con desconocidos. Vemos así que cada ser tiene una
multiplicidad de identidades, una multiplicidad de personalidades en sí mismo,
un mundo de fantasmas y de sueños que acompañan su vida.
El paradigma de
simplicidad
Para comprender
el problema de la complejidad, hay que saber, antes que nada, que hay un
paradigma de simplicidad.
un paradigma está
constituido por un cierto tipo de relación lógica extremadamente fuerte entre
nociones maestras, nociones clave, principios clave. Esa relación y esos
principios van a gobernar todos los discursos que obedecen, inconscientemente,
a su gobierno.
Así
es que el paradigma de simplicidad es un paradigma que pone orden en el
universo, y persigue al desorden. El orden se reduce a una ley, a un principio.
La simplicidad ve a lo uno y ve a lo múltiple, pero no puede ver que lo Uno
puede, al mismo tiempo, ser Múltiple
El
hombre es un ser evidentemente biológico. Es, al mismo tiempo, un ser
evidentemente cultural, meta-biológico y que vive en un universo de lenguaje,
de ideas y de conciencia. Pero, a esas dos realidades, la realidad biológica y
la realidad cultural, el paradigma de simplificación nos obliga ya sea a
desunirlas, ya sea a reducir la más compleja a la menos compleja. Vamos
entonces a estudiar al hombre biológico en el departamento de Biología, como un
ser anatómico, fisiológico, etc., y vamos a estudiar al hombre cultural en los
departamentos de ciencias humanas y sociales. Vamos a estudiar al cerebro como
órgano biológico y vamos a estudiar al espíritu, the mind, como función o
realidad psicológica. Olvidamos que uno no existe sin el otro; más aún, que uno
es, al mismo tiempo, el otro, si bien son tratados con términos y conceptos
diferentes.
Orden y desorden
en el universo
Al
comienzo del siglo xx la reflexión sobre el universo chocaba con una paradoja.
Por una parte, el segundo principio de la Termodinámica indicaba que el
universo tendía a la entropía general, es decir, al desorden máximo, y, por
otra parte, parecía que en ese mismo universo las cosas se organizaban, se
complejizaban y se desarrollaban.
El
orden biológico es un orden más desarrollado que el orden físico: es un orden
que se desarrolló con la vida. Al mismo tiempo, el mundo de la vida incluye y
tolera mucho más desorden que el mundo de la Física. Dicho de otro modo, el
desorden y el orden se incrementan mutuamente en el seno de una organización
que se ha complejizado.
Vivir,
de alguna manera, es morir y rejuvenecerse sin, cesar. Dicho de otro modo,
vivimos de la muerte de nuestras células, así como una sociedad vive de la muerte
de sus individuos, lo que le permite rejuvenecer.
La
aceptación de la complejidad es la aceptación de una contradicción, es la idea
de que no podemos escamotear las contradicciones con una visión eufórica del
mundo. Bien entendido, nuestro mundo incluye a la armonía, pero esa armonía
está ligada a la disarmonía. Eterna relación entre el orden y el caos
Autoorganización
las
ciencias biológicas nos dicen que la especie no es un marco general dentro del
cual nacen individuos singulares, la especie es en sí misma un pattern singular
muy preciso. un productor de singularidades. Más aún, los individuos de una
misma especie son muy diferentes unos de otros.
Autonomía
La
noción de autonomía humana es compleja porque depende de condiciones culturales
y sociales. Para ser nosotros mismos, nos hace falta aprender un lenguaje, una
cultura, un saber, y hace falta que esa misma cultura sea suficientemente
variada como para que podamos hacer, nosotros mismos, la elección dentro del
surtido de ideas existentes y reflexionar de manera autónoma. Esa autonomía se
nutre, por lo tanto, de dependencia; dependemos de una educación, de un
lenguaje, de una cultura, de una sociedad, dependemos, por cierto, de un
cerebro, él mismo producto de un
programa genético, y dependemos también de nuestros genes.
Cuán
a menudo tenemos la impresión de ser libres sin ser libres. Pero, al mismo
tiempo, somos capaces de libertad, del mismo modo que somos capaces de examinar
hipótesis de conducta, de hacer elecciones, de tomar decisiones. Somos una mezcla de autonomía, de libertad,
de heteronomía (Ausencia de
autonomía de la voluntad, que se rige por un poder o una ley externos). He aquí una de las
complejidades propiamente humanas.
Complejidad y
completad
La
conciencia de la complejidad nos hace comprender que no podremos escapar jamás
a la incertidumbre y que jamás podremos tener un saber total: «la totalidad es
la no verdad». Estamos condenados al pensamiento incierto, a un pensamiento
acribillado de agujeros, a un pensamiento que no tiene ningún fundamento
absoluto de certidumbre.
Pero
en la visión compleja, cuando se llega por vías empírico-racionales a
contradicciones, ello no significa un error sino el hallazgo de una capa
profunda de la realidad que, justamente porque es profunda, no puede ser
traducida a nuestra lógica. Por eso es por lo que la complejidad es diferente
de la completud.
Razón,
racionalidad, racionalización
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La
razón corresponde a una voluntad de tener una visión coherente de los
fenómenos, de las cosas y del universo. La razón tiene un aspecto
indiscutiblemente lógico
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La
racionalidad es el juego, el diálogo incesante, entre nuestro espíritu, que
crea las estructuras lógicas, que las aplica al mundo, y que dialoga con ese
mundo real. Cuando ese mundo no está de acuerdo con nuestro sistema lógico, hay
que admitir que nuestro sistema lógico es insuficiente, que no se encuentra más
que con una parte de lo real.
·
La
racionalización consiste en querer encerrar la realidad dentro de un sistema
coherente. Y todo aquello que contradice, en la realidad, a ese sistema
coherente, es descartado, olvidado, puesto al margen, visto como ilusión o
apariencia. Nos damos cuenta ahora que racionalidad y racionalización tienen
exactamente la misma fuente, pero al desarrollarse se vuelven enemigas una de
otra. Es muy difícil saber en qué momento pasamos de la racionalidad a la
racionalización.
Tres principios
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El
principio dialógico nos permite mantener la dualidad en el seno de la unidad.
Asocia dos términos a la vez complementarios y antagonistas.
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El
segundo principio es el de recursividad organizacional. Un proceso recursivo
es aquél en el cual los productos y los efectos son, al mismo tiempo, causas
y productores de aquello que los produce.
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El
tercer principio es el principio hologramático. En un holograma físico, el
menor punto de la imagen del holograma contiene la casi totalidad de la
información del objeto representado.
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El todo está en la parte que está en el todo
La
relación antropo-social es compleja, porque el todo está en la parte, que está
en el todo. Desde la infancia, la sociedad en tanto todo entra en nosotros a
través, en primer lugar, de las primeras prohibiciones e inducciones
familiares: la limpieza, la suciedad, la gentileza, y luego las inducciones de
la escuela, la lengua, la cultura. El principio «a nadie se le admite ignorar
la ley», impone la fuerte presencia del todo social sobre cada individuo, aun
cuando la división del trabajo y la parcialización de nuestras vidas hacen que
nadie posea la totalidad del saber social.
Dicho
de otro modo, todo sistema de pensamiento está abierto y comporta una brecha,
una laguna en su apertura misma. Pero tenemos la posibilidad de tener
metapuntos de vista. el meta-punto de vista es posible sólo si el
observador-conceptualizador se integra en la observación y en la concepción. He
allí por qué el pensamiento de la complejidad tiene necesidad de integrar al
observador y al conceptualizador en su observación y su conceptualización.
Hacia la
complejidad
Descartes
ha separado, por una parte, al dominio del sujeto, reservado a la Filosofía, a
la meditación interior y, por otra parte, al dominio de la cosa en lo extenso,
dominio del conocimiento científico, de la medida y de la precisión. Descartes
ha formulado muy bien ese principio de disyunción, y esta disyunción ha reinado
en nuestro universo. Ha separado cada vez más ciencia y Filosofía.
El
paradigma de simplificación (disyunción y reducción) domina a nuestra cultura
hoy, y es hoy que comienza la reacción contra su empresa. Pero no podemos, yo
no puedo, yo no pretendo, sacar de mi bolsillo un paradigma de complejidad. Un
paradigma, si bien tiene que ser formulado por alguien, por Descartes, por
ejemplo, es en el fondo, el producto de todo un desarrollo cultural, histórico,
civilizacional.
El
paradigma de complejidad provendrá del conjunto de nuevos conceptos, de nuevas
visiones, de nuevos descubrimientos y de nuevas reflexiones que van a
conectarse y reunirse. Estamos en una batalla incierta y no sabemos aún quién
la llevará adelante. Pero podemos decir, desde ya, que si el pensamiento
simplificarte se funda sobre la dominación de dos tipos de operaciones lógicas:
disyunción y reducción, ambas brutalizantes y mutilantes, los principios del
pensamiento complejo, entonces, serán necesariamente los principios de
distinción, conjunción e implicación. Unamos la causa y el efecto, el efecto
volverá sobre la causa, por retroacción, el producto será también productor.
Vamos
a distinguir estas nociones y las haremos juntarse al mismo tiempo. Vamos a
reunir lo Uno y lo Múltiple, los uniremos, pero lo Uno no se disolverá en lo
múltiple y lo Múltiple será, asimismo, parte de lo Uno.
El
principio de la complejidad, de alguna manera, se fundará sobre la
predominancia de la conjunción compleja. Pero, también allí, creo que es una
tarea cultural, histórica, profunda y múltiple. Se puede ser el san Juan
Bautista del paradigma de complejidad, y anunciar su llegada, sin ser el
Mesías.
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